La familia. II. Rafael y Sergio.
Rafael, mi primer hijo, es un niño –para mí siempre lo será- que jamás nos ha dado un disgusto grave, su madre y yo siempre hemos sido conscientes de que nuestra labor de educadores ha sido buena, al menos estamos satisfechos de ella, pero es justo reconocer que facilitada por el buen espíritu de él –de ellos-; hemos tenido la inmensa suerte de que hayan salido así, tal vez porque tanto ella como yo, tuvimos buenos sentimientos que inculcarles, pero en lo que se refiere a Rafael, él lo agradeció siendo un ejemplo que todavía perdura hoy, a sus 32 años. El niño.
Mal estudiante –como yo- pero muy laborioso y cumplidor –como su madre, no como yo que siempre fui un poco vago, jejeje, en fin-, él se afanaba como podía en estudiar, algo que le costaba demasiado, tal vez por eso no le gustaba mucho, pero sacaba sus notas con un esfuerzo fuera de lo corriente, cosa que agradecíamos y apreciábamos más de lo que él creía. A él lo que le gustaba era jugar con sus amigos y soñar, como lo hace ahora escribiendo esos sueños suyos tal vez incumplidos que a uno se le escapan de la realidad de la vida. Como sueño yo, como sueña todo el mundo.
Rafael o Danibegood , como ustedes gusten, tiene algo especial, tiene esa sensibilidad que yo admiro y amo y que seguramente ha heredado de sus progenitores o lo más probable de él mismo, que para eso uno se labra su propio camino una vez descubierto y aprendido el sendero correcto, eso que llaman futuro y destino.
Sergio, es el pequeño, un niño de ya 30 años el chiquillo, como si fuera hijo de Cronos y hermano de Zeus, era el terror de los mares y los terremotos, un torbellino. Ahora sólo exige que le den tiempo para organizar las cosas en las que se mete; si lo consigue, él sacará todo lo bueno que lleva dentro que es mucho, igual que su hermano es leal, sincero, comprometido con la sociedad, responsable, pero además es emprendedor y arriesgado en los negocios que inicia, pero que no acaba casi nunca porque el engranaje de la suerte no va, de momento, con él, aunque estoy seguro que con el tiempo acabará deteniéndose en algo que le pique la curiosidad y le haga ilusión, porque ha empezado tantos negocios sin fortuna que estoy seguro que acabará encontrando esa suerte que hasta ahora le ha sido esquiva, o eso, o retirarse a los campamentos de invierno y emprender una vida más convencional.
A todo esto sólo le falta –a parte de la suerte necesaria para todo-, que encuentre la mujer que termine de convencerle, porque hasta el momento no ha tenido la suerte ni la convicción necesaria para encontrar la mujer adecuada, o tal vez la mujer no le ha encontrado a él; eso me inquieta pues no me cabe duda que la mejor compañera que uno puede tener en la larga singladura de la vida es tener una pareja.
También está mi único hermano José Luis al que adoro y al que también conocen por La caverna del calvo . Un tipo simpático y cachondo al que le gusta viajar y descubrir nuevos horizontes, una de las mejores formas de adquirir cultura.
En fin, ésta es mi auténtica familia, además de tíos, primos, una sobrina y una cuñada diseminados entre Sevilla, Valencia y Madrid, y otra hija a la que me niego a denominar como nuera, una familia, en fin, a la que me gustaría tener más cerca y ver más a menudo, pero comprendo que las cosas son como son y esto es lo que hay.
PS.- Me preguntarán el porqué de contarles todo esto, pues tal vez porque tengo la necesidad de contarles de lo que estoy tan orgulloso. Y perdónenme que ahora utilice el sustantivo “amigo” con desmesura, pero qué palabra más bonita: Amigo, aunque más bonita es si añadiéndole una s la convertimos en plural, cuantos más amigos se tengan más rico se hace uno:
Amigos míos, si quieren tener unos buenos amigos, unos amigos para toda la vida, leales y para siempre, háganse amigos de ellos, de mis hijos, de mi hermano y de paso, sean amigos míos.
No les defraudaremos.
Lamento que el artículo haya salido un poco extenso, pero eso es todo lo que tenía que decir de ellos.










Rafael, Cádiz, 1950, dos hijos y un nieto. Vivo en Madrid y adoro el mar; escribo para no sentirme solo mientras opino sobre las cosas que suceden, las que me suceden, e invento aquellas que no sucederán nunca.
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joana dijo
Yo, modestamente, que siempre miro los ojos y la sonrisa de las personas, veo en tu hijo buena gente y guapo, sin duda un reflejo de su padre.
Hoy un beso doble, a ti y a él, con permiso paterno, eso si.
27 Noviembre 2007 | 12:53 PM