No tengo palabras.
He tardado en escribir esto, a la baja forma de mis neuronas se une una especie de vagancia estival que hace que escribir un mínimo artículo se convierta en un pequeño suplicio, pero también en un acto heroico.
Debo hacerlo porque siempre que hacen sufrir a una mujer me veo en la obligación de salir en su defensa, espada en mano, como un paladín del medioevo, como aquel día en que me rompieron dos dientes en el metro por rescatar de las manos de un sobón a una muchacha que estaba siendo acosada en un vagón atestado de gente, ya saben, ese tipo de individuos babosos. Entonces era casi un niño pero ahí sigo, desde siempre la mujer me ha interesado, las he amado y he sido amado por ellas, las he defraudado y me han defraudado, pero sobre todo, siempre las he respetado.
Todo esto viene a cuento a que no tengo palabras para describir mi desaliento por la escalada de violencia machista en España, que parece se ha acostumbrado a las 60 ó 70 muertes anuales como si de una cuota terrible y puntual se tratara. En lo que va de año ya van más de cuarenta asesinatos, así que la fría estadística se cumplirá con dramática precisión allá por el mes de diciembre, más o menos.
Sólo hay una cosa peor que asesinar a una mujer por celos (infundados o no), y es asesinar al bebé de ambos pegándole un tiro en la cabeza, así de fría y cruel es la noticia de esta semana y así la cuento.
Entonces me quedo sin calificativos como cuando lo de Macondo, que para nombrar las cosas había que señalarlas con el dedo.
Uno mira la tele mientras la rabia le inunda el espíritu pensando que el mundo en el que vivimos se ha hecho inhabitable, como en el “País de las últimas cosas” de Auster: ¿Cuándo, toda esa gente antediluviana, retrógrada, casposa y machista, va a darse cuenta de que la mujer no nos pertenece aunque esté casada con nosotros? ¿Qué la mujer no es un artículo que compramos en un bazar para nuestro uso exclusivo? La mujer es nuestra amiga –dije una vez que era nuestra aliada- y así debemos verla, no como algo nuestro que nadie debe mirar, porque para eso, mejor hacerse talibán y enfundar a la mujer en un burka.
Y cuando la relación se rompa, si es que se rompe, deberíamos de estar encantados con que ella, a la que hemos amado tanto, recomponga su vida y sea feliz sola o con otra persona, igual que haremos nosotros con suerte, porque así es la vida.
Eso es todo.











Rafael, Cádiz, 1950, dos hijos y un nieto. Vivo en Madrid y adoro el mar; escribo para no sentirme solo mientras opino sobre las cosas que suceden, las que me suceden, e invento aquellas que no sucederán nunca.
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elrincondeanita dijo
Hola precioso!.... Me alegra saber que te has animado a escribir, aunque siento que sea por un tema que no debería dar para tanta pluma.... Pero... desgraciadamente al menos una vez a la semana se oyen cosas de este tipo... Está claro que no lo entiendo, ya que independientemente de la violencia de género, no entiendo como alguien puede pegar a otra persona... Son cosas que no concibo...
Me alegra que nuevamente salgas cual caballero en defensa de la mujer...
Un besito muy gordo, caballero...
16 Agosto 2007 | 11:38