La paz que me rodea, algo así como estar acostado sobre la arena templada, bajo los pinares que bordean la playa solitaria; la tranquilidad que me invade esta mañana, cuando aún no he querido levantarme de la cama, el libro se ha caído sobre el embozo, como desmayado ante mi desinterés o sedación mental, mientras observo como el sol comienza a dorar las copas de los árboles recortando sus hojas, y las ramas parecen arañar un cielo tímidamente azul todavía, casi blanco.

Ayer fue el día, de esos días en que uno no espera que suceda nada, y espera que eso que tanto anhela ocurra, y ayer, por fin, pasó. Ayer la vi, casi me di de frente con Ella al volver una esquina y me quedé paralizado, como si el mundo se hubiera detenido de repente al descubrir que Dios existe y que además, tiene piernas de mujer.

¿No les ha pasado nunca? Sí, supongo que sí, alguna vez en la vida sucede el milagro, aunque yo no crea demasiado en algo divino que los conceda. Pero alguna vez, en cualquier parte, uno se queda sin respiración, no por la belleza en sí misma, que también, sino por esa belleza especial que le toca a uno la fibra sensible, como cuando se encuentra con ese tipo de mujer que es la ideal, ésa que siempre ha aspirado a enamorar, y que sólo existe en el mejor de sus sueños, aquella mujer a la que siempre había deseado tener entre mis brazos en un barullo de piernas enredadas, y un mar de besos líquidos y templados.

Siento que la quiero como si la hubiera querido toda la vida, o dicho de otra manera, siento que la podría querer para toda la vida, aun sabiendo que el amor no dura eternamente; pero lo que importa es el momento, y el momento es éste en el que me encuentro ahora: admirando secretamente, furtivamente, la belleza inacabable de una mujer a la que me he encontrado al dar la vuelta a una esquina. En tan poco tiempo ella me resulta tan familiar como si la conociera de siempre, cercana, accesible, transparente y bella como una medusa suspendida en el océano; casi tropiezo con ella, y en ese instante me he mirado en sus ojos azules o me he caído dentro de ellos, no lo sé; su pelo rojizo ha cubierto su mirada por un instante y ella se lo ha apartado con la mano con gracia, y luego me ha sonreído, como disculpándose por la breve proximidad de los cuerpos que no llegaron a chocar; y siento que sólo por eso, sé que la amo, o mejor dicho, que podría amarla. Y entonces recuerdo brevemente a Bécquer:

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!

Si no tuviese tanto miedo regresaría al día siguiente a la misma hora, al mismo lugar para que el milagro del encuentro fortuito se produjera de nuevo, entonces la saludaría a sabiendas de que no iba a haber muchas más oportunidades. Si no fuera porque el pasado me remueve el presente, la diría que la amo sin remedio, pero la verdad es que tengo miedo al dolor que me pueda producir de nuevo el amor, porque Aquella siempre decidió que hacer conmigo y no deseo mas decisiones fatales. Siempre me duelen demasiado. Siempre me salen mal.

Me gustaría besarla si ella me lo permitiera, seguro que escucharía las campanillas que dicen que se oyen en situaciones semejantes, mientras que Joe Cocker nos cantaría bajito "You... are... so beautiful"...

Creo que me estoy volviendo un poco cursi, siempre pasa igual, cuando me enamoro me vuelvo medio idiota porque digo lo que pienso, lo que me brota del alma, y eso es, normalmente de una cursilería que espanta.

O tal vez no, tal vez sea lo más natural del mundo gritar a los cuatro vientos que estoy enamorado de nuevo de una mujer que acabo de conocer casualmente, pero de la que tengo la sensación de saber de ella eternamente.

Anoche me senté ante el televisor con una bandeja con la cena, sándwiches de jamón y queso y una ensalada triste del mediodía. Me lo comí mientras pensaba en ella, y de repente me sentí solo. Cené en silencio y sin ruidos a pesar de la inutilidad de la programación.

¿Han tenido esa sensación alguna vez? No esa en la que uno se encuentra solo rodeado de gente, es sentirse solo porque lo está.

Es como darse cuenta de que la vida esta pasando sin remedio y aún no ha hecho nada que merezca la pena. Que el amor se escapa junto a las hojas del calendario, y cada vez le queda menos tiempo para el milagro.

Bueno, en fin, solo quería decirles eso, necesitaba contárselo a alguien.

Buenas noches.