Más de media hora llevo acodado sobre la mesa, la cara apoyada sobre las palmas de las manos mientras contemplo hipnotizado la pantalla del ordenador, ese recuadro blanco y maldito del Word en dónde se supone tiene que aparecer en algún momento algo que tenga sentido.
Sin que suene a vanidad, sé por experiencia que la Inspiración llega siempre tarde o temprano a rescatarme de la inmovilidad a la que me somete ese misterioso rectángulo blanco, para sumergirme en el individualismo que es la escritura, independientemente de la brillantez u opacidad del resultado.
Al final, si es que antes he dado con el principio, la única solución posible es escribir de manera indiscriminada, improvisar sobre la marcha en busca de algún renglón que yo crea -pobre iluso-, que es medianamente bueno y que me reinicie sobre el camino correcto, ese sendero que buscaba desde el principio pero que no sabía cómo afrontar, de ahí mi cara alelada, mi expresión en la mirada de inexistencia, fijándome en la nada, en ese universo blanco de lo hoja inhabitada, mis manos en las mejillas, tratando de pensar en cómo escribir lo que quiero escribir.
Eso si no se me atasca una palabra o dos, de esas que frecuentemente andan en paradero desconocido y hay que buscarlas a toda costa para que no me venzan por abandono; de esas palabras que se me quedan en la punta de la lengua cuando en realidad están en la punta de las neuronas buscando una salida; de esas palabras que sé que existen pero que en el momento preciso de utilizarlas se pierden entre un bullicio de frases que no necesito, sé que la palabra en cuestión está en algún rincón de mi cerebro, agazapada, oculta ante mi desesperación por hallarla, jugando conmigo y con mi impaciencia.
Al final y después de horas de búsqueda intensa, todo parece cuadrar y uno se queda más o menos satisfecho de ese acto creativo que es escribir, pero ahora viene lo más difícil de todo, esperar a que alguien lo lea, independientemente de que guste o no, porque, si además gusta, uno ya se siente pagado y reconfortado en su ego, y altamente premiado en su busca desesperada de la palabra perdida.

yo tengo una caja con palabras, de esas que siempre se me pierden para así saber donde buscar... :))
bicos
Tu post acaba de recordarme un cuento de Isabel Allende titulado "dos palabras" (cuentos de eva luna) que me gustó mucho cuando lo leí hace ya mucho mucho tiempo. ¿Lo conoces?
Saludos canarios.
Yo tengo una lista con todas aquellas palabras de las que no consigo acordarme, son palabras que se me dan mal, siempre se me olvidan, así que las anoto.
Un beso
Sin palabras... así y todo, desgranas un escrito estupendo.
Un beso.
Glora
No me gusta nada Isabel Allende, lo siento pero me aburre y no he conseguido terminar ningún libro suyo, incluido La casa de los espíritus, siendo de lo mejor de ella, no lo conseguí, mea culpa.
Saludos madrileños
Gracias Joana, pero ésa es la verdad, tú sabes muy bien que escribir no es fácil, y más cuando se tiene un día espeso.
Un beso.
lo llaman -horror vacui-, te quedas sin saber qué decir o qué contar, ¡¡muy estresante!!
Hola corazón solitario
hay que buscar en el alma..... y a mi ver, debes escribir POR Y PARA TI... así sale mejor todo....
un abrazo
”ahora viene lo más difícil de todo, esperar a que alguien lo lea…”
¿pero lo dudas, no sabes que estamos aquí? que siempre estaremos aquí? y que a mi particularmente me encanta como nos llevas y nos traes de un tema a otro siempre con un hilo conductor, invisible, impalpable, pero necesario porque es el que le da sentido a todo, el que acaba de construir el armazón?
Muchos besos que hagan más liviana esa búsqueda desesperada.
Pues ha merecido la pena estar más de media hora acodado sobre la mesa, con la cara apoyada sobre las palmas de las manos..., si, si, si...
Qué tengas un gran fin de semana!... Un besote!!
Isabel61
Pues debe eso que tú dices, el horror al vacío que experimentan los pintores ante el lienzo en blanco o los escritores frente a una página en blanco.
Saludos.
Silvina
¿Sabes qué? Que tienes razón, hay que escribir para uno mismo, sin la pretensión de que alguien pueda leerlo, o escribir para gustar, todo sale mejor cuando uno no se siente observado.
Un beso
Trini
Porque tengo la suerte de contar con buenos amigos que me perdonan, aunque como le digo a Silvina, lo mejor es escribir para uno mismo, pero siempre con la esperanza de gustar, claro.
Un beso
Anita
Pero mira que cara se me ha quedado, como la de la foto, aunque con menos pelo.
Un besito y buen fin de semana que seguro pasarás por esos campos de dios.
¿Que te perdonan? No hay nada que perdonar, leerte es un placer, no un castigo.
Besos de recompesa que hagan olvidar castigos y perdones
Es un buen ejercicio literario, a mi me cuesta mucho algunas palabras y trato de memorizarlas, aún con problemas de dislexia -cuento viejo- le exprimo a la mente una que otras letras.
Me ha encantado amigo
Hola Rafael!!!
Me gusta un montón como escribes....
A veces veo un post largo y me entra como pereza al comenzar a leerlo, pero tu forma de escribir me encanta y de verdad que no me da nada de pereza.
Ha merecido la pena la espera....
Un besito y feliz puente...
Marta.
Trini
Es lo que yo digo, con amigas como tú todo es más fácil, así da gusto.
Un beso.
Antonio
Yo he terminado por tener un amplio archivo de palabras olvidadas para utilizarlas sin demora cuando las necesito, la memoria y las facultades se van perdiendo con los años.
Un abrzo.
Hola Marta
Tienes razón en que los relatos o artículos largos dan pereza, yo procuro acortarlos, pero al final me lío y acaba siendo un engorro.
Muchas gracias por tu paciencia.
Un beso y feliz puente.
Mmm... sí. A mi también me pasa a veces.
Y últimamente la vida me tiene tan ocupada que hasta me cuesta encontrar un hueco.
Y sin embargo siempre merece la pena para leer cosas como las que escribe mi Rafa.
Qué bien!
A mi me pasa más de lo que me gustaría, con lo cual, la lista de palabras olvidadas cada vez se hace más grande.
¡Ah! Ya has vuelto, voy corriendo a tu casa, a ver que tal te lo has pasado.