Me revolví incómodo en el sillón haciendo crujir involuntariamente el cuero a mi alrededor, y sacudí la cabeza tratando de espantar de mi memoria aquella maldición que se colaba en mi cerebro sin yo pretenderlo, mientras me colocaba las gafas que acababa de limpiar.
Para evitar todo pensamiento oscuro y viejo, me recreé de nuevo con cierta satisfacción en la contemplación de todo aquello que había conseguido después de tantos años de duro trabajo al frente de la firma familiar Hessel, negocio que yo traté de mejorar y ampliar a todo el ámbito nacional, apoyándome en nuevas técnicas de venta de productos de desinfección y desratización en oficinas del Gobierno, fábricas y viviendas particulares.
Después de un día cargado de tensiones, entrar en aquella habitación que sólo a mí me pertenecía y sumergirme en mi mundo privado y exclusivo, en aquella soledad no impuesta, rodeado de los objetos que más amaba como mi corta aunque valiosa pinacoteca, el jazz que invadía todos los rincones de la estancia, los libros que además de releerlos me gustaba oler, aspirando su aroma de siglos... "Qué bien huelen los libros". Me decía mientras sumergía la nariz entre sus paginas de tinta antigua.
Me acomodé el cabello que me caía sobre la frente detrás de la oreja, observando con detenimiento los detalles de la Bolsa de Madrid que había recibido un momento antes por el fax. Parecía que hacía siglos que contemplaba los mismos resultados, un día tras otro, el Dow Jones, el índice Nikkei, los fondos de inversión, Comunicaciones, las Eléctricas. Todo aquello me obsesionaba y me irritaba a la vez en una curiosa simbiosis entre la aceptación y el rechazo.
Cuando uno tiene una meta que alcanzar, todo el esfuerzo que se realiza parece hermoso, pero cuando se ha logrado, hay que volver a alejar la meta en busca de una nueva perspectiva y de un nuevo objetivo. Y cuando éste se ha vuelto a conseguir, todo parece perder de nuevo su finalidad, qué lo que se ha hecho no tienen tanto valor como se creía al principio. Es algo así cómo lo que se piensa del dinero, que no es importante para el que lo tiene, pero el que carece de él, obtenerlo es una meta fundamental en la vida.
Aquella maldita hoja parecía crepitar entre mis dedos al menor movimiento de mi mano. A veces se hacía tan escandalosa como los resultados que contenía, pero no tenía más remedio que analizar todos aquellos datos y comprar, vender o dejarlo estar, según mi intuición y los valiosos consejos de mi colaborador, que esperaba pacientemente al otro lado de la línea telefónica. Hasta ahora, ninguno de los dos habíamos fallado, al menos no estrepitosamente. Analizaría el papel y mañana a primera hora le llamaría.
Continuará...

Cuando la bolsa cae, como el día de hoy con la de Madrid, seguro que muchos señores tendrán una mala noche y sus amantes también.
Saludos Rafa
Antonio
Lo mejor es tener los ahorros debajo de un ladrillo o dentro de un calcetín, ni siquiera en un banco, con las comisiones de mantenimiento de cuenta que cobran se hacen las grandes fortunas.
Un abrazo
Las ventas habrán sido muchas... con tantas ratas en el Gobierno.
Feliz resto de día.
Paso sólo un momento a saludarte. A ver si un día de estos empiezo a leer de nuevo, que ando muy atrasada con tus relatos.
Pero es que mi bloqueo mental no se me acaba de ir, y sigo de capa caída.
Un beso Rafael.
Glora
Cierto, cierto, fueron muchas las ratas y por ello muchas las ganancias, de ahí la posición VIP del protagonista.
Feliz día.
Darunia
No te preocupes, lo que tienes que hacer es recuperarte, estas puertas siempre están abiertas para ti las 24 horas del día.
Un beso
Pues más o menos te digo lo mismo que Darunia, que en cuanto que me ponga las pilas y al día, te daré la lata. Eh, esto de estar un poco fuera de órbita tiene sus ventajas... va a ser la primera vez que no padezca los intermedios entre los capítulos de tus relatos. De un tirón me voy a leer los de este último, je, je.
Un beso y buen fin de semana.
Milady
Pues nada, cuando vengas aquí estaré, esperando tus siempre bien acertados comentarios.
Un beso