Castillo de Nottinghamshire.
...Pero esa noche, cuando Elton ya había desnudado, limpiado y aseado al rey, y le hubo puesto el amplio camisón y el gorro de dormir, cuando hubo limpiado de polvo, doblado y guardado la ropa en la alacena y sacado brillo a toda la ferretería de metales nobles que llevaba consigo su rey en la cacería, en detrimento del caballo, se desnudó y cuando ya se disponía a meterse en la cama, se dio cuenta que no había apagado la vela que estaba sobre el arcón, se levantó y cogió la palmatoria pasando con ella por delante del espejo, entonces dio un respingo pues su propia sombra reflejada le había asustado hasta el extremo de dar un salto hasta la cama, echando sobre el pecho de su rey, la cera derretida que se había acumulado sobre la plataforma del pequeño candelabro. Carlos, lejos de enfadarse, se regocijó ante la sensación de placer que experimentó ante el descuido de Elton.
-¡Más, más, aquí, aquí! -dijo señalándose la tetilla que asomaba entre la abertura del camisón.
-¿Más? pero Carlos, digo Señor, le va a doler -dijo ciertamente cohibido, tratando de olvidar el susto que se acababa de llevar, al ver su figura pasando por delante del espejo.
-¡Más..., he dicho! -repuso con firmeza el rey.
Elton, volcó sin contemplaciones los restos de cera alrededor del pezoncillo mientras el rey se relamía de gusto. Pero en ese momento, el criado creyó ver una sombra que se deslizaba hacia ellos por uno de los barrotes que sujetaban el dosel de la cama. No estaba seguro, pero era como un bulto alargado, parecido a una serpiente, o un limaco viscoso que se enroscaba sibilinamente a lo largo del barrote. Temblando, elevó la lamparilla sobre su cabeza, pero la bujía aún estaba débil y de momento no se veía nada más allá de su propia figura. Cuando por fin la vela recobró su luminosidad, sólo pudo adivinar entre las sombras del dormitorio, cómo la puerta del armario donde antes había guardado los ropajes de su rey, se cerraba lentamente, con un chirrido que en ese momento le pareció más estremecedor de lo que parecía cuando lo oía durante el día.
Medio aterrorizado por lo que creía haber visto, dio un salto poniéndose de rodillas sobre la cama.
-¡Allí, allí! -gritó señalando con el dedo hacia el ropero.
-¡Joder! ¿Qué pasa ahora? -preguntó el rey, que ya empezaba a impacientarse ante la falta de estímulos procedentes de la vela.
-¡Allí..., allí! -repitió Elton.
-¡Dónde!
-¡En el armario, en el armario... le he visto, le he visto!
-¡Joder! ¿A quién has visto? -preguntó algo alarmado el rey, mirando hacia donde señalaba Elton.
-Al fan... al fanfan... al fan fantasma -dijo al borde de un ataque de nervios.
Carlos se lo quedó mirando, incrédulo.
-¿Un fantasma? ¿Pero tú estás loco o qué te pasa? -le preguntó-. ¿Cómo va a haber un fantasma en mis aposentos?
-¡Lo he visto, juro que lo he visto, se ha cerrado la puerta del armario..., sola!
-Anda, anda, ven aquí, no tengas miedo, apaga la vela y así dejarás de ver cosas raras -le dijo mientras Elton, obedeciendo, apagaba la vela y Carlos lo abrazaba bajo las sábanas.
-...Es que... -dijo al rato el sirviente.
-¡Es que, qué!
-Mmm... es que me duele la cabeza -dijo con cierta timidez Elton.
-¿Otra vez con eso? ¡Pues vale! ¡Qué sepas que mañana te quedarás en el castillo, sin salir, para que estés descansado para la noche!
-Sí, mi Señor -repuso con mansedumbre Elton, ante el castigo del rey.
Pero dos horas más tarde, cuando todo el castillo estaba inmerso en el más absoluto silencio, un crujido sobresaltó a Elton que se hallaba en un duermevela por los sucesos acaecidos mientras se acostaba, se incorporó apoyándose en un codo oteando el universo oscuro de la habitación pero no logró ver nada. De repente, los goznes oxidados del armario ropero comenzaron a chirriar lentamente, cortando como un cuchillo la oscuridad absoluta del dormitorio. Elton, sintió los latidos de su corazón, sintió en sus sienes el golpeteo rítmico y frenético del pulso, como si éste quisiera escaparse y abandonar su cuerpo, un cuerpo que ya estaba preso de un ligero temblor por la vigilia y la alarma, todas esas sensaciones le vinieron de repente demudando de palidez su semblante, pero no se percató que entre las sábanas, algo se deslizaba lentamente hacia ellos.
Carlos se removió inquieto, movió los pies como si algo lo molestase, en tanto que Elton, ajeno a lo que sucedía muy cerca de él, excesivamente cerca, seguía escudriñando más allá de lo que podían ver sus ojos, sin percatarse del peligro inminente que corría. De repente, algo le rozó los pies, y ya no esperó más, dio un salto y entre gritos de espanto llamó al rey.
-¡Señor, Señor! -dijo tironeándolo de la manga del camisón, mientras palpaba la vela en la oscuridad.
-¿Qué pasa? -preguntó a Elton al verle de rodillas mirando hacia los pies de la cama.
-¡N... no... no sé, mi Señor, he visto algo moviéndose entre las sábanas.
-¿Qué sábanas?
-Las nuestras... digo las suyas, Señor -contestó Elton con nerviosismo.
Elton iba a contarle al rey lo que había creído ver antes de acostarse en el espejo, pero en ese instante, una fuerza desconocida los destapó, haciendo volar las sábanas por toda la habitación, impulsadas por una fuerza desconocida y malévola; las puertas del armario comenzaron a abrirse y cerrarse, y el arcón que estaba a los pies del lecho, comenzó a tirar su contenido por toda la habitación.
En ese momento, Carlos ya se había puesto en pie de un brinco y se hallaba fuertemente asido a unos de los barrotes de la cama y con la mano libre, tiraba frenético de la cinta de la campanilla, mientras Elton, ya había salido por los pasillos pidiendo ayuda y auxilio a la guardia, sin percatarse que andaba en camisa y que más tarde tendría que explicar a sus más allegados, qué hacía en los aposentos del rey así vestido, aunque de todos era conocido que las noches las pasaba junto a él.
Cuando la guardia de palacio entró en la habitación, la hallaron en un desorden total y al rey tumbado en el lecho con su manto real cubriéndole por completo el cuerpo; Elton aún no había aparecido después de dar la voz de alarma a los soldados, y de haber cruzado todo el castillo dando gritos y agitando los brazos.
Cuando le retiraron la capa, pudieron ver con asombro unas letras grabadas a fuego en la frente del monarca.
-¿Qué es eso? -preguntó el senescal, aún en calzas menores.
-Son letras -contestó el sheriff del castillo.
-Eso ya lo veo, ¿pero qué significan? -preguntó de nuevo el mayordomo mayor.
Un silencio se hizo alrededor del cuerpo inerte del rey, que no estaba muerto, simplemente era víctima de una fuerte conmoción por la impresión de algo o alguien que había estado en la habitación y que aún no habían podido averiguar de qué se trataba, ya que el único testigo aparte del rey, aún no había aparecido.
-¡Qué localicen a Elton! -ordenó el senescal, cubriéndose las piernas como podía con el escudo de un soldado-. ¡Inmediatamente! -añadió, mientras fijaba su mirada incrédula sobre la frente del rey.
Éste, se hallaba con los ojos en blanco y un ligero tic nervioso se había apoderado de su rostro níveo y aterrado, mientras las iniciales BR, aparecían grabadas con cera derretida sobre su regia frente, sin embargo, la vela se hallaba apagada y solo los grandes hachones de los soldados iluminaban la abigarrada habitación.
En el castillo de Nottinghamshire...
Continuará...
20 comentarios
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Cuando deje de temblar, si lo consigo, volveré para comentar. Estás teniendo una increíble puntería con las dianas de mis miedos. Enhorabuena.
Felicidades, como siempre, por tu buen hacer de escritor. Que si no, de qué, iba yo a seguir leyéndo este fantasmal relato.
Un beso, que no creo que atine, de lo mucho que tiemblo.
PD:
Haces bien en explotar el filón de imágenes, que para eso están los filones, para explotarlos. Que ibas a suavizar qué... Já. ;-(
Milady
Ya me encargaré yo de que atines, y no tiembles que está escrito en clave de humor, para ti; sobre las fotos procuro escoger las menos escabrosas, la próxima serán de pajaritos, mariposas y margaritas, para que veas.
Un besito
Si lo de la clave de humor yo te lo agradezco de corazón, de verdad que sí, pero es que ni por esas impides que la atmósfera sea muy, muy amenazadora. Que es que ya no me cabe ningún escalofrío mas, con los que se me acumulan debajo de las sábanas y dentro del armario y por toda la habitación. Ya te lo pedí hace meses, pero no me haces caso, anda, escribe un poquito peor (mejor un muchito), que es por mi bien.
Más besos no del todo desinquietados.
PD:
Lo de las mariposas no te lo crees ni tú, que nos vamos conociendo pirata. :-)
Muy bueno, al imaginar la falta de luz y el medio de la época; esto muestra una situación autenticamente tenebrosa.
Saludos
Rafaeel! ya te vale con lo del armario... qué nervios por dios, imginándome esas puertas chirriando...
A lo de la clave de humor te doy un 10, jajaja, qué detalles más buenos!... y eso de la cera? jajaja.... y el rey diciendo "joder!" yo me lo imaginaba más diciendo "cáspita!" o "por las barbas de cristo!" jajaja... pooobre Elton!
Besos!
Milady, que de verdad que no te asusto más... bueno, sólo un poquito.
A ver que fotos pongo ahora.
Antonio
Eso de vivir a la luz de una vela favorecía mucho los momentos de terror.
Un abrazo
Patrus,
Te lo había advertido en el comentario del capítulo IX, que tuvieras cuidado con los armarios, pero no he llegado a tiempo, te juro que me estaba acordando de ti mientras lo escribía.
Besos
Podemos estar de acuerdo en que nos manipules con tus “continuará” o esperar a que termines de escribir todos los capítulos y después leerlos de seguido, limitándonos sólo por la incomodidad de tantas horas delante de la pantalla, pero lo que no hay duda es que, con tus escritos, despiertas el interés al más indiferente.
Saludos
Vaya con el Carlitos, cómo nos ha salido.... Así que al muy pillín le pone la cera caliente sobre la tetilla.
Sabes combinar tan bien el suspense con el humor, que da gusto leerte.
¿No has pensado nunca presentarte a algún concurso de relatos?
Deberías...
Un abrazo.
Gracias Imagina, los "continuará" son como el descanso del guerrero, tanto para vosotros como para mí, son inevitables.
Un abrazo
Darunia, menudo es Carlos, ya desde los tiempos de Barba Rosa ya le gustaba las "fechorías", lo que pasa es que no me dio por contarlo, que si yo hablara...
Sí, lo he pensado, y de echo me he presentado a varios, pero todo es muy difícil y hay gente de mucha categoría.
Un abrazo.
Muy muy bueno, Rafael.
Menos mal que lo he leido por la mañana, que a mí estas cosas me quitan el sueño, y como no hay ningún pecho ajeno al que agarrarme pues lo paso francamente ma.
Un beso de damisela aterrorizada.
Mariana
¿Qué no tienes ningún pecho donde agarrarte? Eso será por que tú no quieres, que aquí estoy yo, reina mora.
Se me cansan a menudo mis ojitos por estar tanto en la pantalla, pero puedes estar tranquilo, porque con tus cuentos no me pasa nada...
Oye... como puede alguien aguantar lo de la cera?, en ese momento te juro que me estremecí al imaginarlo.
Pero te felicito por esa madera de escritos que tienes
Un besote
Luzmary, a veces olvido que esto puede leerlo alguien con 10, con 17 o con 50 años, aunque procuro no meterme en temas sexuales demasiado escabrosos, en ocasiones lo "requiere el guión"; bueno, el mundo del sexo es muy amplio y lo que para una persona puede ser una aberración, para otras está dentro de lo más natural, y eso es algo que cada uno debe aceptar y no verse obligado a nada que no desee, todo es válido siempre que sea aceptado libremente por ambas partes.
Un beso, procuraré tener más cuidado, aunque ya te digo, que procuro que lo que escribo sea lo más descafeinado posible.
Un beso, cielo.
Cielo, (ja) no procures tener más cuidado conmigo. No te puedes inhibir de expresar lo que quieras. Sólo porque yo aún no lo entienda.
Así me encanta.
Luzmari
Pues entonces con el permiso que me dan tu espléndidos 17 años, continuaremos en la misma linea.
Cielo, es una expresión de cariño que tengo mucha costumbre en decir. como cariño, etc.
El (ja) no es de incomodidad, se refiere a la siguiente frase.
Recibo las expresiones de cariño con todo agrado, por eso te contesté igual.
Un beso.
Luzmary
Sé que no estás incomodada, pero a veces me expreso con palabras como cariño, cielo, naturalmente sin mala intención, y no sé si a todo el mundo le agrada, ya sé que a ti no te importa.
Un beso, me encanta como te explicas.