...En Londres.
Desde antes de que el rey hubiera pensado en marcharse con un nutrido séquito armado para pasar unos días cazando en el condado de Nottingham, John W. Campbell ya se había enterado de todo, estaba tan dentro de la mente de Carlos que accedía a su pensamiento antes de que se hubiese producido el pensamiento mismo, por lo que ya había dispuesto algunos episodios que harían que el rey deseara mil veces no haber ido a cazar venados, ya que no iba a ser capaz ni de cazar un triste gamusino de los muchos que habitaban en los bosques de Sherwood y Barnsdale.
El senescal le había dicho al rey que el bosque estaba encantado y habitado por gnomos y fantasmas, pero eso no arredró al monarca, ya que no creía que tales espíritus existieran, al menos, no lo creía del todo. Sin embargo, era tomado como muy cierto y contado como verídico por las gentes del lugar, que en vida de Robin de Locksley éste luchó contra el sheriff de Nottinghan y contra el malvado príncipe Juan sin Tierra, haciéndoles mil encerronas para robarles el dinero que aquellos expoliaban a los esforzados labradores, pero que Robin les devolvía encantado unos días más tarde, con la condición de que le invitaran a él y a su partida a cenar cabrito asado, y que hubiera abundante cerveza e hidromiel, viandas que casi siempre pagaba el propio Robin con disimulo, para no menoscabar el orgullo de los aldeanos. En aquel tiempo, pensaban que en el bosque había entidades contrarias a los intereses del príncipe Juan, que no eran otros que engordar las arcas para mantener su poder adquisitivo y ante todo, mantener intactos sus deseos de reinar por encima del legítimo rey, Ricardo Corazón de León, que andaba en las Cruzadas dando sablazos a los árabes en Tierra Santa.
Con estos datos, conocidos por todos cuatrocientos años después, Barba Rosa no tuvo inconveniente en hacer de la leyenda un axioma incuestionable, y se dirigió en un abrir y cerrar de ojos, desde su nube de Bridlington, en el condado de Yorkshire, hasta las tierras de Nottingham.
Pero antes de someterse a temas tan terrenales como la venganza, había pensado en visitar la tumba de su madre para llevarle unas flores y de paso, pedirle consejo y tal vez ayuda para llevar a feliz término sus propósitos. Así que se dirigió directamente, rápido y veloz como una centella, al cementerio de Westport dónde Graínne Ni M'háille, su madre, tenía una tumba con vistas a la Bahía de Keem.
Se posó con delicadeza y depositó unas margaritas que había cogido por el camino, esperó y esperó, pero no pudo comunicarse con ella. Esa noche durmió entre las ramas de un árbol milenario que se hallaba cercano a la lápida, siempre vigilante de cualquier suspiro de su madre, pero no halló respuesta a su insistente e implorante pregunta: Mother, you are there?
Podría haber pasado la noche levitando sobre el sepulcro, poderes tenía para ello, pero estaba ciertamente cansado del viaje y prefirió pernoctar sobre las hojas del árbol que casi reposaban sobre los huesos de su venerada madre.
Dos días después, un tanto descorazonado y triste por el intento fallido de comunicarse con ella, partió hacía su destino de Nottingham donde le esperaba el rey, aunque éste, naturalmente, no sabía nada de dicha cita, ni sospechaba de lo que se le venía encima.
En Nottingham...
Continuará...