El regreso. VI.
Palacio de Whitehall.
... En Londres.
El mismo día en que el rey Carlos I se levantó malhumorado, con un frío intenso y un orinal en el pie, ese mismo día y una vez debidamente aseado por sus criados, decidió irse unos días al norte para olvidar las intrigas palaciegas, las refriegas de alcoba, y las violentas disputas que había entre él y Felipe IV, rey de España.
-Iré a mi casa de Nottinghamshire, a cazar venados en el bosque de Sherwood -dijo con tono imperioso mientras alzaba la mano elegantemente, con el dedo índice estirado, admirando la preciosa gema de lapislázuli que brillaba en él.
-Pero, Señor -repuso el senescal que acababa de entrar hacía dos horas-. En Nottingham, en Sherwood, en el bosque...
-¡Arrancad, vive Dios! -cortó con aspereza el rey.
-Hay... hay... hay espíritus, espíritus malignos que podrían...
-¡Bobadas! Desde que murió Robin Hood no ha vuelto a haber fantasmas ni vivos ni muertos como es debido.
-Sin embargo, se oye el rumor de que cerca del bosque habita un fantasma, un ser diabólico que huele a azufre y que...
-¡Bah! Esos son cuentos para niños. ¿Os vais a creer tales patrañas? Yo también huelo un poco..., a veces, y no soy un fantasma.
-Naturalmente, Señor, pero... -comenzó a explicarse el senescal mientras se tocaba la nariz, a propósito del olor del rey, quien se había abandonado en el aseo, cosa que Barba Rosa no hubiera consentido jamás-. Es que, tal vez no conocéis la noticia, aún.
-¿Noticia? ¿Qué noticia? ¡Hablad!
-Pues veréis, Señor, resulta que vuestro amigo... el del encargo... pues que se ha muerto... un poco -dijo titubeante el jefe de los nobles, al que le hubiera gustado estar en cualquier otra parte menos donde estaba, incluso en el mismísimo Bosque de Sherwood estaría mejor en esos momentos.
El rey comenzó a hacer memoria y a prestar atención al oír hablar del antiguo encargo que acabó con la vida de Barba Rosa.
-Continuad -dijo con cierto interés.
-Pues, que según cuenta el último correo, el de hace una semana, vuestro amigo ha sido asesinado, aaasesinado de una forma.. -dijo sacudiendo una mano.
El senescal comenzó a relatar entre sudores y angustias, todo lo que había acontecido días antes de la llegada del correo, en la taberna The Drunk Sailor, y de cómo había muerto el piloto de La Loba del Mar, al que había pagado tan generosamente para eliminar a Barba Rosa, dando por sentado en aquel año de 1625, que no estaría bien visto que un futuro rey hubiera mantenido ese tipo de relaciones con un hombre que era un afamado pirata, de madre corsaria además de irlandesa, y que robaban de forma audaz aunque incruenta, los barcos ingleses cargados de oro, mermando de forma considerable las arcas del reino. Si todo eso llegaba a saberse, su trono peligraría de manera segura más temprano que tarde.
Cuando el senescal acabó el relato entre toses, el pañuelo bordado que había sacado de su bocamanga se hallaba completamente empapado de sudores, tal era el embarazo que sentía ante la mirada expectante e irritada del soberano.
Éste, introdujo la mano bajo la peluca blanca que acababan de plantarle y se rascó la cabeza, pensativo, dudando si sería prudente efectuar el viaje a Nottingham. Pero necesitaba evadirse durante un tiempo, poner sus ideas en orden y estabilizar su quebradizo ánimo ante los incontables contratiempos que asolaban su espiritu y su Casa Real.
-Iremos -dijo resolutivo después de unos segundos-. Me acompañarán el doble de hombres de lo acostumbrado, y llevaremos también un cañón, y por supuesto, que no se os olviden las balas, veremos si ese fantasma apestoso es capaz de intentar algo contra mí, el rey -dijo con arrogancia al fin, después de algunos segundos de meditación.
-Pero, Señor -repuso el senescal-. Si en verdad es un fantasma como aseguran, nada podremos, por muchos hombres que llevemos, no acabaremos con él ni a cañonazos; es... es un fantasma, y ya veis cómo ha acabado el piloto.
-No se hable más, disponedlo todo, quiero partir dentro de dos horas.
En Londres...
Continuará...

Rafael, Cádiz, 1950, dos hijos y un nieto. Vivo en Madrid y adoro el mar; escribo para no sentirme solo mientras opino sobre las cosas que suceden, las que me suceden, e invento aquellas que no sucederán nunca.
....................
Mariana dijo
Mira que me gustan tus historias de fantasmas, pero luego por la noche paso miedo y no tengo a nadie que me abrace en la cama.
Un beso, pirata, qu´eres un pirata.
4 Noviembre 2006 | 01:01 PM