Yo... en realidad... casi no me acuerdo de cómo empezó todo esto, si hiciera memoria... sí, bueno, creo que todo empezó de una forma titubeante, como ha empezado el jefe esta historia, apenas podía ponerme en pie. Todo comenzó con un buen golpe, eso es, me di un golpe tremendo contra el suelo y acto seguido me desperté y abrí los ojos, entonces vi a mi madre, que empezó a lamerme y a darme empujones con el morro para obligarme a ponerme de pie. Que pesada era mi madre. Y luego toda la manada mirándome para ver qué hacía.
Los humanos se quejan porque les dan un cachete en el trasero para que se arranquen, como si tuvieran que darles cuerda, si hubieran nacido como yo, que me di un morrón desde un metro de altura ya verían. Eso sí que es nacer de culo.
A veces tengo recuerdos de entonces, he tenido tantos que he llegado a tener hasta memoria, que es una cosa reservada exclusivamente para los ordenadores, esos si que tienen memoria. Bueno, algunos, que hay otros que no se acuerdan de nada y no se sabe dónde han metido los papeles. Pero me acuerdo que mi madre me daba de mamar, hará unos dos o tres años, cosa que yo hacía goloso, con hambre, así, como de querer más, pero un día, cuando aún era vaquilla tierna, me separaron de ella que era una vaca gorda y lustrosa, jamás llegué a ser una vaca como ella, de hecho, no sé si me hubieran dejado crecer un poco más, qué hubiera llegado a ser, podría haber sido incluso toro, aunque no me dan envidia, tampoco éstos viven mucho, ser toro en España o en México por ejemplo, es fatal, incluso en Francia, que allí también hay corridas y matan toros, y no para comérselos precisamente, con los finolis que son. Ningún toro supera los cuatros o cinco años si no se es un buen semental, eso si que es vida, todo el día comiendo, durmiendo y... y comiendo y durmiendo, en fin, yo en lugar de todo eso fui zapato.
Me acuerdo de casi todo. ¿Dónde se ha visto que un zapato se acuerde de algo sin ser ordenador? Claro que tampoco he visto nunca un zapatordenador, un zapatófono sí, pero de eso hace ya mucho tiempo.
En fin, para empezar les diré que no sé si soy zapato o zapatilla de marca, porque no es lo mismo. Tengo la esperanza de haber sido un zapato caro, un Manolo Blahnic o algo parecido, porque estaría bueno que después de apartarme de la manada y de asesinarme, me hubiera quedado en simple alpargata, pero yo les contaré la historia como si fuera zapato, no se alarmen, sólo son dos minutos.
Yo era un zapato de izquierdas, tenía un hermano de derechas con el que no me llevaba demasiado bien, ni nos hablábamos ni nada, cada uno iba por su lado, a su aire, era un malaje, tenía muy mala sombra y peor cartel, siempre quería llevar la razón y si no se la daba me daba patadas en el tacón, o sea, por la espalda, a traición, el muy ruin; yo trataba de defenderme como podía, le pisaba de refilón y me metía en los charcos para que él se metiera detrás, que idiota era.
Pero un día nos subieron a una noria altísima y mi hermano se salió del pie porque andaba un poco suelto, y se calló al vacío y se dio un zapatazo tremendo, se le salió el tacón de su sitio y todo; después de aquél día no ha vuelto a ser el mismo, hasta que ya dejé de verle. Le echo de menos porque desde entonces, el jefe anda cojeando por culpa de mi hermano derecho.
El problema es que un hombre con dos piernas y un sólo zapato no es nadie, siempre cojea aunque se apoye en un bastón, ya sea de izquierdas o de derechas, es como la Democracia, tiene que haber partidos de los dos pies porque si no, se convierte en una autarquía y eso es muy malo. Y peligroso.
Después de eso, anduve tirado por casa mucho tiempo, acumulando polvo en un rincón porque ni me limpiaban ni nada, hasta que el jefe se cansó de mi, de verme siempre en el mismo sitio molestando y me tiraron a la basura desnudo, sin envolverme ni meterme siquiera dentro de una bolsa. Ahora vivo en un descampado solo, viejo y con la suela descosida, esperando que venga una máquina y me triture para convertirme en compos para las macetas, me acuerdo cuando pastaba por los campos de Santander y mi madre me daba de mamar, y me emociono, sólo un poco porque un zapato emocionado es una ridiculez.
Con un poco de suerte, si llego a ser sustrato, a lo mejor me echan en alguna dehesa para que crezca la hierba en primavera y algún familiar me coma, con lo que el ciclo volvería a comenzar, a lo mejor puedo tener otra oportunidad y volver a ser vaca, incluso puedo volver a ver a mi madre, aquella pesada.
Podría contarles si quisiera la vida de un tío mío que también fue zapato, pero él tenía cordones; son más seguros porque el pie no se sale y seguramente mi hermano no se hubiera caído de la noria, o de un guindo porque como era tan tonto, y yo no estaría viviendo en un descampado totalmente desahuciado.
No, si al final va a resultar que necesito a mi hermano para andar, pero esa ya es otra historia. Tal vez les cuente otro día la historia de mi tío el de los cordones.
17 comentarios
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Después de leer este artículo seguro que miro de forma distinta mis zapatos.
Sigues tan original como siempre. Si te sobra originalida podemos hacer un trato.
Mientras tanto, un abrazo.
Mariana, yo no es que los mire de forma distinta, es que son ellos los que miran mal a mi.
Cualquier proposición... sea cual sea, está aceptada, viniendo de ti, nada malo puede ser, pero no creo que demandes originalidad, tu andas sobrado de eso, siempres estás "sembrá".
Qué original tu historia. Me encantó!!!. Mira que contar la vida de un zapato desde que nació.
Besitos.
Me gusta en mensaje entre líneas; reflexivo y acertado; nada se puede hacer sin la ayuda de su complemento, cuando se trata de un equipo.
Saludos Rafa, buena historia.
Ánimo zapato solitario, al soldadito de plomo, por ser cojo también lo tiraron a las alcantarillas. Si hay justicia, y la hay, os encontraréis y todo cobrará sentido.
Me ha gustado. Normalmente me gusta todo lo que escribe. Pienso que será por la sensiblidad y el juicio crítico con loa que aborda los comentarios. Aunar ambas cosas es complicado de no hacerse de una manera natural. Lo consigue sin aparente esfuerzo. Gracias por el buen rato.
Alascaidas
Hasta un zapato tiene su historia, y uno con pedigrí, mucha más.
Besitos.
Gracias, Antonio, saludos para Berlín
Jotaluis, espero que tengas razón, aunque no se si haremos buena pareja un soldado de plomo cojo y zapato, ¿sabes el número de pie de ese fornido soldadito? Podríamos hacer un apaño.
Un saludo
De nada, gades.
No se si podrías postear mejor... me da que es imposible =)
Un besazo
Cada día vas superando tus blogs, cada vez mas mejores, pero esq ue esto ya es insuperable!! Un besazo =)
Gracias laura, me sacas los colores.
Un besazo cielito.
Jooooooooo Rafael…..me has dejado con la boca abierta de par en par. Ya se que te lo han comentado mucho….pero esa originalidad, ese humor crítico…todo lo que dices en tus líneas…y lo que no dices entre las líneas…sublime. Yo de mayo quiero ser como vosotros!!!
Que nivel entre vosotros: Milady, Mariana, el tío Antonio y tu….que nivel!!!
PD..ya me hace falta espabilar…que no llego!!
;)
Trini, claro que llegas, cada uno en su estilo como tú tienes el tuyo, de eso no te quepa duda.
Un besito.
¡Genial, Rafael! Me encanta cómo cuentas diez cosas distintas a la vez. Y me ha dado muchísima pena el zapato, en serio, nadie debería terminar solo y tirado. Espero que una pala le ayude a reunirse con su hermano, que supongo que sufrió la misma suerte cuando cayó de la noria. Por lo menos, si se pudiesen reunir los dos en el descampado... en fin. Es un cuento precioso.
Milady, si te cuento lo que le pasó a su hermano me vas a tildar se sanguinario, ten en cuenta que una altura como la de la noria de la plaza de la Concordia de París, es mortal para cualquier zapato, por muy bueno que sea... ¡pero yo no te he dicho nada!