Esta podría ser la historia de la famosa pirata irlandesa Gráinne Ni M’háille, (Grace O'Malley para los ingleses), mujer de noble cuna, gran navegante y de singular belleza, que residía en el condado de Mayo, en la bahía de Clew, al oeste de Irlanda, donde tenía una numerosa flota de barcos con los que atacaba las costas de su país, en poder de los ingleses. Sin embargo, les voy a relatar con alguna brevedad, la historia de su hijo John, John William Campbell, más conocido por su sobrenombre bucanero de Barba Rosa. Este había tenido el privilegio de estudiar en los mejores colegios de Irlanda, debido a la buena posición económica de la que disfrutaba su "Pink and perfumed cat" (1), como a él le gustaba llamarla, hasta que en 1586, a la edad de 12 años, estando ya su madre retirada de la agitación de toda reivindicación política, y cuando ya su vida en el mar era sólo un recuerdo, se enroló como grumete de la Armada británica, en pago y agradecimiento a la reina de Inglaterra e Irlanda Isabel I, quien permitió que su madre pudiera vivir pacíficamente en un lugar desconocido elegido por Gráinne, sus últimos años de vida después de rogar, y obtener, el perdón de la reina en 1575.
Corría el año de 1610, John tenía ya treinta y seis años y estaba ciertamente cansado de luchar para el entonces rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia; la estricta disciplina de la Armada real no iba con su personalidad arrolladora y libre, y su agradecimiento hacia la reina lo consideraba suficientemente pagado desde hacía tiempo, así que decidió enarbolar su propia Jollie Roger (2) en cuanto tuviese la menor ocasión, antes de que le llegara la hora de visitar el paraíso de fiddler's green (3). Y esa oportunidad llegó ocho meses más tarde cuando el buque de guerra Forty thieves of the funny man of your Majesty (4), al mando del capitán James Tobin, quedó fondeado en la bahía de La Gonave de Puerto Príncipe, en la isla de La Española.
-Cuando llegaron los españoles un siglo antes, reinaba Bohechio que murió sin descendencia y le sucedió su hermana Anacaona. Los indígenas fueron forzados a acatar las órdenes mientras Anacaona intentaba mantener buenas relaciones con los españoles, pero estos cada vez pedían más tributos. En un acto de ignominia y de barbarie sin precedentes o quizá con demasiados precedentes entre los españoles, el gobernador Nicolás Ovando invitó a un banquete a ella y a otros líderes indígenas, quienes habían bebido mucho vino durante la comida, cosa que no hicieron los españoles, y estos, bajo las órdenes de Ovando, asesinaron a sangre fría a la mayoría de los amerindios y Anacaona, fue hecha prisionera para ser ahorcada en público días más tarde. Entre 1492 y 1507, La Española perdió un millón de habitantes. En 1606, los españoles decidieron también abandonar la isla. En la actualidad, es un nido de serpientes donde los piratas más desalmados y sanguinarios actúan con increíble crueldad.
A pesar del informe recibido del teniente, el capitán Tobin decidió desembarcar en dos esquifes con quince hombres en cada uno y todos fuertemente armados. Mala decisión sin duda la del capitán que con la prepotencia del oficial de marina inglés, no pensó que alguien pudiera ser tan osado y loco como para atacarlo, y dejó el navío diezmado y sin saberlo, a merced de John, quién aprovechó sin dudar la espléndida oportunidad que le brindaba la arrogante e ignorante temeridad de Tobin, para amotinarse con un grupo de hombres fieles y haciéndose con enorme facilidad con el mando, nada menos, que de un buque de guerra inglés, perfectamente equipado y preparado para el combate, y con la promesa a todo aquel que quisiera seguirle, de la obtención segura de los ricos botines que albergaban en sus bodegas los barcos españoles provenientes de las Indias.
A la propuesta del capitán Barba Rosa, se sumaron la mayoría de suboficiales y guardiamarinas -algunos eran tan jóvenes, que le recordaban a él mismo cuando se embarcó por primera vez, pero que ya sabían a la perfección cual era su trabajo-. "Tendré que tener especial cuidado con ellos", se dijo para sí. Aquellos que no quisieron unirse al nuevo capitán, fueron abandonados al otro extremo de la isla con armamento y munición suficientes, dado el carácter altamente conflictivo de los habitantes de La Española y para que de ese modo, el capitán pudiera tener el tiempo suficiente de escapar y desaparecer por el horizonte, con bandera y gallardete que él mismo había diseñado para la ocasión: un arpa de oro sobre fondo negro con dos rosas rojas cruzadas, a modo de tibias. Por fin, su madre volvía a navegar libre aunque fuera a través de la sangre de su hijo, mientras que este, corría a la llamada de una vida de aventuras y riquezas, lejos de la disciplina opresora de la Armada.
Continuará...
(1) Gata rosa y perfumada.
(2) Bandera pirata.
(3) Paraíso donde se creía iban los marineros al morir.
(4) Los cuarenta ladrones del gracioso de su Majestad.