Últimamente tengo unos problemas con el ordenador que no puedo superar, al menos yo sólo. Ya he dado tres puñetazos en la mesa y María, -mi gata-, viene sigilosa y con expresión de curiosidad, a ver que pasa, extrañada de mi mal genio repentino.
En otro frente, yo no sé ustedes, pero ya estoy acostumbrado a las bajadas de tensión en La Coctelera; siempre que incorporan algún elemento nuevo, ¡ya está!, una semana como poco a pan y agua.
Pero el ordenador, mi ordenador, ah, eso es otra cosa; es el segundo que tengo y me lo compré a lo grande, dentro de mis posibilidades, casi 2.000 euros de ordenador, y ya está roto, y yo no he sido y María dice que tampoco, es lista e inteligente, pero me comenta que sus garras no la permiten manejar el ratón, prefiere comérselo, la creo. Yo, si pudiera, me comería el ordenador entero.
Nunca he comprendido por qué se le llama ordenador al ordenador, el ordenador ordena las cosas si uno es ordenado, si no, el ordenador no las ordena; además, mi ordenador no sugiere, ¡ordena!: o haces esto, o te borro el programa para siempre. ¡Qué carácter!
Después de esta especie de trabalenguas, les diré que yo nunca he tenido la amenaza de nada ni de nadie hasta que he tenido ordenador. A partir del momento en que me compré uno, todos los días me amenazan con invadirme spywars y malewars, phishings, dialers, spames, gusanos, tirios y hasta troyanos, incluso estos, que no sabía nada de ellos desde la guerra de Troya, resulta que están vivitos y coleando y también quieren invadirme: raro es el día que alguno no se acerca hasta mí con la amenaza de comerse un chips, que yo creía que era una patata frita y resulta que es un circuíto integrado.
Estos días en que no tengo nada que hacer por problemas técnicos, me da por imaginarme lo que debe estar sucediendo en los bajos de mi PC, entre un sinfín de pasadizos secretos. Veo a un imponente oso panda armado con todo tipo de protecciones y filtros, librando una batalla tras otra, él sólo contra todos, defendiendo tarjetas de memoria y escalando puertos, luchando cuerpo a cuerpo protegiendo la posición de cada bit, y sobre todo, impidiendo que lleguen a la memoria principal para hacerse con el centro de mando.
Incluso me amenazan con la guerra bacteriológica e impregnarme diariamente con un virus, y cada vez con un virus distinto y más perverso que el anterior. Estoy aterrado. Yo, que soy hombre de paz, no puedo pensar ni escribir sabiendo que unos centímetros mas abajo, bajo mis manos, están matándose a palos.
Lo que más me inquieta es el firewall, ¿y si el cortafuegos no funciona y sale todo ardiendo mientras yo estoy dormido en mi cuna?
En fin, todo empezó hace unos días al caducarme el Panda, así que fui a comprar la actualización, y que casualidad, no había, después de varios días esperando, no tuve más remedio que comprarme uno completo, me imaginaba a esos bichos comiéndose a "bocaos" al viejo panda y haciéndose con la máquina de escribir, que en realidad, es lo que es para mí el ordenador, una máquina de escribir moderna y con pantalla. Así que por 80 euros de nada... nunca una guerra bacteriológica fue tan barata.
Una vez solucionado el tema del oso, se averió el teclado, y eso no es algo que pueda solucionar uno mismo, sobre todo si uno mismo no es un experto, como es el caso. Llevo una semana con la tecla del espaciador desprendida, de manera que al escribir, todas las palabras aparecen juntas y tengo que volver atrás, repasando palabra por palabra para separarlas. Parece que no hay una solución fácil, sino llevarlo a fábrica y levantar todo el teclado para volver a instalarlo sustituyendo la tecla averiada, total un mes, como mínimo; o, comprarme un teclado y conectarlo al portátil mediante una conexión USB.
Y en esas estoy, ya todo conectado, con mi teclado nuevo, mi Panda..., y me dice el maldito oso que yo no soy yo, y que estoy intentando entrar en una dirección que no es la mía, y que ese ordenador no es mi ordenador.
Así que aquí me tienen, con el ordenador antiguo, y esperando que me reparen el "nuevo", después de haberlo tirado todo por la ventana durante un ataque de locura.
"Yesoesloquehay".