El despertador es posiblemente el electrodoméstico peor tratado de toda la casa, siempre recibe algún golpe tanto si suena como si no, más incluso que el mando a distancia con el que mantengo una lucha a muerte por ignorarlo, y eso, suponiendo que ambos instrumentos que yo considero de tortura medieval, alcancen la categoría suprema de electrodoméstico, porque para mí, todo aquello que funcione sólo y sin que yo intervenga, es un electrodoméstico, cómo mi PC, del que amenazo con hablarles en otra ocasión, y del que puedo decir que tiene vida propia a pesar de desconectarlo, se rearma sólo.
Tengo serios problemas con mi despertador, le odio, le odio mucho, tal vez porque no puedo prescindir de él a pesar de mi inquina, es como estar casado con Cruella de Vil, sobre todo si en lugar de despertarme a las 8 de la mañana lo hace a las 8 de la tarde, y sobre todo si no me despierta. En cuanto entro a mi habitación para acostarme y lo veo encima de la mesita expectante, amenazador, vigilándome, ya estoy pensando en que tengo que despertarme unas horas más tarde, agitado por un ring estridente que hace que me despierte sobresaltado y agarrado a la lámpara.
Por culpa del despertador he perdido empleos y numerosas citas, citas amorosas, de las que importan. Todas las citas amorosas han sido importantes para mi, de una de ellas pudo salir el amor de mi vida, y de hecho así fue; fue la cita más importante de todas, pero llegué tarde por fiarme del despertador, es lo peor que me ha pasado, llegué tarde a mi propia boda y la que iba a ser mi esposa se casó con otro más guapo y puntual. Cuando llegué al Juzgado sólo encontré el arroz de la suerte esparcido por el suelo, señal inequívoca de que alguien se había casado hacía poco, porque si no, les habría dado tiempo a las palomas a comerse los granos, así que deduje que quien fuera, se había casado, cosa que confirmaron al decirme que mi mujer se había casado con un millonario árabe hacía cosa de hora y media, y claro, ya no estaban ni los invitados, ni la familia, hasta mis padres se habían ido. Entonces me fui corriendo al banquete, pero también llegué tarde. Yo sólo quería darle una explicación y echarle la culpa al despertador, pero en lugar del novio que debía ser yo, había otro novio con corbata, chistera y guantes. Yo nunca había visto un jeque árabe con chistera, y claro, contra eso, no se puede hacer nada.
Ya se habían comido las chuletas y bebido el vino tinto, que para mi es la mejor bebida para acompañar las chuletas; hasta se habían fumado el café y bebido el puro... ¡Rayos! ¿Qué estoy diciendo? Perdonen, es que en las bodas siempre se me va la mano con el Rioja y más en esta, imagínense, yo ya había pagado mi parte del convite, y total para nada, así que pedí un Arzuaga cosecha de 2003 a cuenta del novio y me la bebí a la salud de la novia, que por cierto estaba buenísima y yo la quería un montón, así que como iba diciendo, cuando llegué, el banquete estaba consumado y no sé si les dio tiempo a consumar algo más; para mí que ya venían consumados de casa porque si no, tanta rapidez en el intercambio de pareja no se explica.
Sin duda fue el peor olvido de mi vida porque después de ese día, no he vuelto a verla jamás aunque la tengo en mis sueños.
En realidad, la historia de mi vida ha estado siempre ligada a un despertador, todos mis fracasos han sucedido por su culpa, aunque la verdad, reconozco que yo también he tenido parte de culpa por fiarme de un artilugio diabólico inventado por un capitalista, ¿qué se puede esperar de un tipo que firma las mejoras de convenio contra la pared, como si lo estuvieran atracando, cuando en realidad los atracados somos nosotros?
Todos los despertadores que he tenido no me han durado más de un par de meses, tienen bien merecido los golpes que les he dado para hacerlos callar, y los que les he dado por despertarme, lo que me hace pensar que en el fondo son unos incomprendidos; si ustedes han sido maltratados por uno, también pueden golpearlo, descarga el estrés y la adrenalina, aunque lo mejor ante el maltrato a que nos someten diariamente y a la misma hora, es denunciarlo.
Creo que yo también voy a cambiar mi despertador por una clepsidra que hace menos ruido, aunque con los problemas de sequía no sé si me dejarán tener una.
Y ya no sé que contarles más sobre mi despertador, quizás aconsejarles que si pueden, prescindan también de los capitalistas, les aseguro que ganarán mucho en calidad de vida y en tranquilidad, y que adquieran una clepsidra, esta es muy silenciosa y no avisa, pero pueden llegar tarde a su propia boda.
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Gota a gota, pero con total precisión nos deleitas con post llenos de fantasias reales.
Ojalá este reloj que falla siempre, no lo haga cuando tengas que recordar que debes escribir para tus lectores.
Muy bueno!
Saludos
me encantó la historia...espero que continues asi, un abrazo desde brasil...espero poder tenerte como amigo bloggero.
Qué bueno!!
Yo la verdad es que pongo el despertador del movil, y por mi bien es mejor no matarle cuando me despierta... no me comprarían otro así que....
Perdona por no firmarte ultimamente mas a menudo, llevo muchos días sin leeros, entro publico rápido algo que escribí sin pensar y me salgo, esto de estudiar y currar es durillo....
Un beso!!
Cómo me haces reir con tu sentido del humor! Me lo he pasado muy bien, tres veces muy bien gracias a tus enlaces. No acabo de decidir si te adoro o te odio. Combinar la publicación de la bitácora de la travesía con artículos llenos de sonrisas tiene un gran mérito. ¿Quieres compensarnos o compensarte por lo mal que nos lo estás haciendo pasar, o es una perversión de escritor versátil?
Un beso entre sonrisas y lágrimas.
Rafael, eres la repanocha. Esta historia la deberían publicar en las enciclopedias.
Eres muy gracioso, te lo he dicho en otras ocasiones, pero además es la forma de contarlo.
Es un lujo tenerte por aquí.
Me has alegrado el día, gracias.
Salud a raudales
Antonio, no creo que eso se me olvide, lo haré aunque sea sin clepsidra,joer, como me gusta esa palabra.
Por supuesto que sí Chapu, un amigo no se desprecia jamás.
Un saludo desde España
Laura, no hay problema, lo primero es estudiar, puedes pasar cuando puedas, te estaré esperando.
Un beso
Jose, te digo lo mismo que a Milady, si hago sonrreir aunque sólo sea un poquito, estoy pagado, pero lo mejor de todo es teneros como amigos, eso si que no tiene precio.
Salud
Milady, es que soy muy muy malo, malísimo, ¿pero sabes lo mejor? que me siento infinitamente feliz cuando consigo arrancar una sonrisa, eso no se paga con nada.
Un beso
Bueno, si eres tan malo como dices, no me quedará mas remedio que odiarte.. y adorarte a la vez.
Hmmm, Milady, suena bien eso de odiarme y adorarme, todo en el mismo pack ahorro. ¡Qué bien!
Un despertador que te hace llegar tarde a tu boda puede que no sea un mal despertador.
Llevo una semana sin pasarme por aquí y estoy disfrutando de tus Post.
Un abrazo.
Mariana, este sí, o en esta ocasión sí. Ya no cuento con él para nada.