Ayer fue un día de monstruos, lo cual no sé si eso lo convierte en un día monstruoso. Bueno, según se mire, ya saben lo del cristal con que cada uno mira las cosas.
Para empezar sólo unas líneas para ese delincuente miserable de de Juana Chaos, aquel que dijo: "Me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales", ahora dice estar en huelga de hambre el pobre hideputa, espero que la cumpla hasta el final, como debe ser, brindaré por ello con gusto en su funeral. Pero seguro que se acobardará antes y no me dará ese placer, sabiendo de la cobardía congénita de ETA y sus seguidores.
Y falleció Stroessner, le llegó la hora al tirano paraguayo, ¡bien! Ante esto siempre tengo una pregunta: ¿Por qué los parásitos viven tanto tiempo? Si alguien tira una bomba atómica sin querer, las ratas y las cucarachas suelen sobrevivir, cosa que me parece bien, pero que lo hagan durante tanto tiempo insectos como Franco y Stroessner no es justo. Pinochet debe ser una rata gorda, no hay forma de que me de una alegría.
Siguiendo con los monstruos, anoche en la televisión nos obsequiaron con un Godzilla de cartón con la extraña manía de querer comerse a todo el mundo, no se lo reprocho, si yo fuera él también me comería a algunos, seguro que nadie los iba a echar de menos, y el mundo estaría infinitamente mejor sin ellos, como los tipejos de más arriba.
También hubo ayer una pobre "monstrua" de sesenta años con claustrofobia, inocente e inofensiva en Seattle, la detuvieron por presunta y fue arrestada por portar armas peligrosas de destrucción masiva como un destornillador, unas cerillas y vaselina; la herramienta era para apretarle un tornillo a Busch, lo que no se sabe es cual de ellos; las cerillas para encender un cigarrillo a escondidas en el lavabo, todavía hay quien las usa por romanticismo, y vaselina para... y vaselina. Pues nada, los yankis han montado un pollo a lo grande, que para eso son americanos: han escoltado el vuelo de United Airlines de 182 pasajeros y 12 tripulantes con dos cazabombarderos, han aparcado el avión, las maletas por los suelos, los perros dando "bocaos" al equipaje y el pasaje "acojonao", poniéndose en lo peor, y al final nothing de nothing, ni un imperdible, ni bombas, ni árabes con kimono, nothing ya digo. A eso le llamo yo psicosis. Me pregunto si no había policías a bordo que se hicieran cargo de una peligrosa mujer con ansiedad; no me gustaría que la próxima vez que montara en avión, me diera un tabardillo de los míos y me llevaran a Guantánamo a recuperarme.
Luego salió otra vez ese rechoncho periodista con calva de jesuita, Pedro J. R. y su peculiar modo de ver el mundo, su mundo, "lider de la prensa mundial" (risas), donde las cosas no son como son, sino como él quiere que sean. Patético como de costumbre.
Y por último y en otro mundo aparte, el gran monstruo de la noche (redobles): Woody y su clarinete, esta vez en su brillante faceta de músico, un estupendo documental sobre la banda y su día a día durante una gira por Europa, donde nos acercaron un poco más a su personalidad y en donde nos ofrecieron auténtico jazz, del bueno, música negra de Nueva Orleáns que es donde empezó el maravilloso invento, por más que les pese a algunos. Eso me reconcilió un poco con la tele, sólo con la 2ª, pero algo es algo entre tanto refrito veraniego.
¡Ah! de Juana, hazme un favor y alégrame el día: muérete de hambre, "hombre".