"Cambio ruinas históricas por vulgares ladrillos modernos para futura vivienda. Barata, bien situada, nada menos que sobre la antigua capital visigoda. Toledo".
Podría ser un anuncio publicitario en cualquier carretera vendiendo un piso cualquiera en una urbanización cualquiera, pero este tiene todas las papeletas para hacerse realidad dentro de poco.
Los constructores, políticos y demás especuladores, en su vida se han visto en otra, ¿que han aparecido qué? ¿visigodos? ¿Y eso que es? O tal vez saben demasiado.
Desde los siglos III al IV, diversos pueblos germánicos habían cruzado la península ibérica (suevos, vándalos y alanos fundamentalmente). Hacia el 409 se tienen noticias de la entrada por los Pirineos de un número indeterminado de visigodos, otro pueblo germánico más civilizado. Asentados ya en España, fundaron un reino que habría de existir hasta la invasión musulmana de Táriq Ibn Ziyad en 711, siendo Don Rodrigo, el último rey visigodo de Toledo.
Pienso que una de las peores cosas que puede tener un ser humano y por ende, un político (que también es un ser humano aunque se asemeje a cualquier otro bicho unicelular), es la falta de sensibilidad, y estoy seguro que es en la política dónde menos sensibilidad hay y donde seguramente, sería más necesaria, pero eso es como pedir peras al juez Del Olmo o a Jiménez Losantos, que alguna vez diga algo medianamente inteligente o coherente. Tan difícil estas últimas como encontrar un político sensato.
Para desgracia de especuladores de la vivienda, se han hallado en Toledo nada menos que las ruinas de la antigua capital del reino visigodo, datada al rededor de los siglos VI y VII. Es decir, un joya para toda esa gente con sensibilidad, que ama el arte y la historia, que se siente bien entre antigüedades y ruinas históricas, descubriendo ánforas, balas de cañón y pecios sumergidos, entre museos y trastos de otras épocas. Con ellas aflora a sus ojos todo el romanticismo y la emoción cuando contempla por primera vez, después de siglos, desempolvado de tierras milenarias, un objeto antiguo, sea lo que sea y sea del siglo que sea. Yo disfruto con todo eso, que quieren, son un romántico y un nostálgico irrecuperable y me gusta serlo.
No hay nada tan apasionante como contemplar y aprender del modo de vida de nuestros antepasados, sus costumbres, los utensilios que utilizaban en su vida cotidiana, como construían sus casas, sus objetos personales. Pero parece que hay personas que disfrutan con otras aficiones, construyendo casas en primera línea de playa, destruyendo el litoral, y pasando por encima de cualquier vestigio de civilización, al fin y al cabo, está todo roto, así que qué más da. Y si no está roto, se rompe, como las costas, mientras los políticos lo consientan y las leyes no den para más.
De lo que se trata ahora es ni más ni menos, que construir encima de esos vestigios de incalculable valor, hallados en la Vega Baja de Toledo, 66.000 viviendas proyectadas en el Plan de Ordenanza Municipal. La capital manchega (y visigoda), Patrimonio de la Humanidad desde 1986, ha abierto con su hallazgo el debate sobre que hacer con las ruinas o con las viviendas. La Unesco, la Academia de Bellas Artes, fundaciones y plataformas de ciudadanos, han lanzado la voz de alarma para preservar el patrimonio y frenar estos planes. Pero los promotores cuentan con el respaldo de las administraciones del PP y del PSOE, que han desestimado el Toledo visigodo, ya que los dos partidos está unidos para aprobar el plan urbanístico que destrozará la ciudad de los reyes Leovigildo, Recaredo y Don Rodrigo. Y las parcelas ya están vendidas, según informó El País los días 9 y 24 de este mes.
No cabe duda que los intereses pecuniarios y la política, hace extraños amantes en la cama.
Así que me temo que la desgracia no va a ser tanto de los especuladores del ladrillo y de los constructores en general, lo tienen fácil con este Gobierno, la desgracia va a ser para todos aquellos que no podremos admirar nunca la capital de los visigodos recién hallada, estimada en una antigüedad de mil quinientos años.
La comunidad cultural internacional ha dirigido su mirada alarmada hacia España, cuyos políticos, no contentos con tener el título de ser el país más contaminante, quien abarrota sus playas de construcciones ilegales legalizadas por corruptos empresarios y sus correspondientes amigotes políticos, se dedican ahora a arrasar los yacimientos históricos encontrados, que debieran paralizar estomáticamente cualquier obra futura en la zona.
Se devuelve el dinero invertido en el terreno y se prohibe por ley cualquier tipo de construcción que dañe los restos arqueológicos.
Y para eso, la ministra de Cultura, Educación y Deportes, Carmen Calvo, debería imponer su criterio y unirlo al de las voces que se manifiestan en contra del plan urbanístico, pero para echar todo eso abajo, hace falta algo más que lucir un modelito -espectacular- de Ágata Ruíz de la Prada en los Goya, hay que tener coraje y carácter.
De momento, algunos cooperativistas que han comprado sus casas sobre plano en la Vega Baja, empiezan a desertar de sus filas. Unos, ante la incertidumbre más que probable de quedarse sin nada, sin casa y sin dinero; y otros, al no querer ser partícipes de la destrucción de nuestro pasado histórico.