Tipo: Cúmulo globular M30, NGC7099 - Constelación de Capricornio. Distancia: 26.000 años luz
AR: 21h 40.0m - Dec: -23° 11’ - Magnitud: 7.2
El artículo de El País se titula ¿Dónde está la autovía de Barcelona? y la historia es la siguiente: imagínense a un matrimonio catalán con destino a Villafranca del Penedès (Barcelona), que se adentra en la M-30 (Madrid), sin saber que una vez dentro, no es posible salir indemne de sofocos, cabreos y gasolinas quemadas y esparcidas por el asfalto gracias a los incontables atascos. El matrimonio que no encuentra forma humana de salir del cisco, y en esto, que aparece otro matrimonio madrileño que le ayuda a escapar de esa inmensa ratonera en que se ha convertido la capital gracias al faraón, Alberto Ruiz-Gallardón.
Desde aquí, decirle al matrimonio catalán que no se preocupe, que no es que sean torpes, es que no hay forma de salir una vez dentro, ni para ellos, ni para los que vivimos aquí. La M-30 y por extensión, Madrid entero, se ha convertido en algo parecido a esa especie de planta carnívora que, una vez el insecto se ha caído dentro, los jugos lo consumen y devoran porque es imposible escapar indemne si no es con ayuda del 112.
Y desde luego, felicitar al matrimonio madrileño por su acto, uno no está muy acostumbrado a estas cosas, quizá por eso el alboroto de la noticia.
Al margen de esto, me vuelvo a preguntar: ¿Dónde esta la noticia? Esta podría ser que alguien ha circulado por la M-30 sin sobresaltos, y que, gracias a la "perfecta señalización" mangaporhombro, ha logrado salir por donde quería y cuando quería y por sus propios medios. Esa sí sería la noticia.
Por lo demás, que una persona ayude a otra que se encuentra en apuros, no debiera ser motivo de gacetilla y sin embargo, parece que lo es, incluso de primera página, que es donde suelen aparecer las más destacadas. Esto debería ser lo más natural del mundo, además de un hecho que no llamara la atención de nadie.
¿O lo inusual es que hayan sido unos madrileños los que ayuden a unos catalanes?
Recuerdo un día en que paseaba con mis padres por la Rambla barcelonesa, tendría 12 o 13 años, cuando me dirigí a un transeúnte para que me dijera la hora. Entonces los niños no llevábamos relojes, ni móviles, ni playstationes con horario incorporado. El hombre, que debía tener muy malas pulgas o un mal día, me espetó un tremebundo: "¡No me da la gana!", o algo parecido, no lo recuerdo muy bien, que me dejó sorprendido y más parado que yo en estos momentos, además de dejármelo grabado para los restos.
Eso es algo que mi madre, siempre que hablamos de Catalunya, me recuerda, pensando que todos los catalanes son iguales de mal educados, cosa que naturalmente no es cierta y que yo me encargo de rebatir.
Esto viene a cuento a que mala gente hay en todas partes, como aquel catalán con pinta de amargado, pero también hay malas personas en Madrid y en otras partes.
Lo que me sorprende es que un medio de comunicación le de tanta importancia a la noticia como si fuera un hecho extraordinario y nunca visto. Tal vez lo sea, tal vez si nos acostumbramos a mirar estos actos con naturalidad deje de sorprendernos, o tal vez, dándole publicidad a estas cosas, todos seamos un pocos mejores, eso sí sería una buena noticia.