Dicen que nadie es profeta en su tierra, yo no estoy de acuerdo del todo con esa afirmación, muchísima gente ha triunfado dentro de sus fronteras y fuera de ellas; otras sin embargo, han tenido que marcharse porque en sus países de origen no encontraban el espacio adecuado para sí mismos. No sé las razones que pueda haber para que el pueblo no reconozca la mayor parte de las veces, la labor de un hijo nacido entre las mismas fronteras que ellos mismos habitan, y que como en este caso, se trata de un hijo predilecto de la ciudad. Supongo que es imposible gustar a todo el mundo, aunque ese mundo sea tu propia tierra.
Ha sido una libre y por tanto democrática elección, pero no me deja de sorprender que Aracataca no alargue y ennoblezca aún más si cabe, su nombre universalizándolo con el de Macondo. Suena bien y me gusta: Aracataca-Macondo. Suena como si siempre hubieran estado unidos, como si nadie se fuera a sorprender al llegar a la estación de ferrocarril, y se topase con el mágico letrero.
Yo lo pondría con gusto en la puerta de mi casa si la puerta de mi casa fuera sólo mía: "Entra usted en Aracataca-Macondo", para advertir al visitante que entra en una civilización nueva y distinta, una dimensión llena de páginas amarillentas y letras escritas con maravillosa precisión: Las obras completas de Gabo, disponibles para todo aquel que desee sumergirse en el océano único y encantador de las metáforas.
Pero yo no vivo en Aracataca y la puerta de mi casa, por fuera, es también de los demás vecinos y no puedo colgar nada en la escalera, parece que sólo está permitido un corazóndejesús de latón o un rótulo con el nombre del habitante, y eso no quiero, o pongo lo que yo quiero o no pongo nada. Pero nadie me puede impedir que coloque el cartel dentro de mi casa para que yo lo vea y lo vea todo el que entre; con un ligero cambio y prescindiendo del pueblo natal del premio Nobel, todo estará arreglado: "Entra usted en Macondo".
Bueno, tal vez hayan perdido una inmejorable oportunidad para homenajear al hijo adoptivo del pueblo, que tanta fama les dio con su irrepetible y maravillosa novela "Cien años de soledad".
Kilómetros arriba de la ciudad colombiana, en la calle 103 de Nueva York, el alcalde, a propuesta de Gary Dennis, vecino de un edificio de cuatro plantas donde nació nada menos que HumphREY Bogart, y el resto del vecindario acordaron ponerle el nombre del actor a la manzana en la que vivió de niño, entre Broadway y la West End Avenue, Bogart Place está a la altura del 254W de la 103, donde se encuentra la casa en la que el actor neoyorquino nació y creció.
Lauren Bacall y el hijo de ambos asistieron a la inauguración.

Bogie nunca lo hubiera creído. Ha siso una sorpresa, amamos Nueva York, pero queremos más a Bogart.

Puntualizó Bacall.
Así que al final, algunos si consiguen ser profetas, aunque siempre es mejor, mucho mejor, entregar las flores y los homenajes en vida, a ser posible, antes del funeral, como cantaba Nacha Guevara.