Bueno, ya está, se culminó la semana histórica del deporte español y el F.C. Barcelona se ha proclamado por segunda vez en su historia, Campeón de Europa de Fútbol. ¡Juhuuu!!! (grítese ¡Yujuuu!!!)
Pero el Arsenal y el árbitro, Terje Hauge de Noruega, lo pusieron difícil. Este último tuvo una puesta en escena que hizo temerme lo peor: en el minuto 18, anuló un gol legal al Barça por no conceder la ley de la ventaja. El árbitro no pudo empezar peor el partido: primero, debió esperar para ver como terminaba la jugada, y como fue gol, punto pelota, nunca mejor dicho. Pero no, se precipitó y anuló el gol, pensé entonces que había pitado penalti, pero tampoco, lo que hizo fue expulsar a Lehmann dejando al Arsenal con 10 y cargándose el partido. Pero es que más tarde, perdonó la tarjeta roja directa a Eboue por entrada de veinte años y un día a un jugador del Barça. En fin, estaría nervioso por la responsabilidad, pero un colegiado designado para pitar la final de la Champions se supone que debe estar curtido en mil batallas, pero este no estaba ni para una guerra de barcos.
Pero lo que importa no son los árbitros aunque ellos se empeñen en lo contrario y en salir en los papeles, lo que importa aquí es la victoria del Barça. Una victoria sufrida y trabajada como pocas. Porque el Barcelona no estaba jugando bien, al menos no como nos tiene acostumbrados y eso era una mala noticia, máxime, después de los dos sustos iniciales del Arsenal. Tampoco estaba jugando de salida Iniesta, y eso era otra mala noticia. ¿Me pregunto por qué los entrenadores se vuelven locos en algunos partidos? ¿Será que a ellos también les puede la presión y no les llega aire al cerebro y todo lo ven borroso? Cuando toda la temporada se ha jugado de una manera, en el partido decisivo se prescinde de Iniesta, un jugador capaz de distribuir él sólo el suficiente juego en profundidad a Ronaldinho y Eto'o. En fin, ellos son los que saben, y menos mal que salió bien, aunque cincuenta minutos más tarde.
Porque para colmo de sustos gordos, el Arsenal, aguerrido y jugando con diez, que se adelanta en el marcador. Y que faltan diez minutos para el final y no hay -¡ay!- forma de enderezar aquello.
Pero como si el diluvio universal, que caía en ese momento, despejara mentes y se llevara todo lo malo del Barça por el desagüe del Stade de France, en cinco minutos dio la vuelta al marcador, que no es ponerlo patas arriba, sino ponerse por delante en el marcador, que no es ponerse... sino... bueno, que el Barcelona marcó dos goles, uno más que el Arsenal, y punto. Pelota.
A ver si en el Mundial de Alemania la Selección Española... pero no pienso hablar de la Selección que trae mala suerte. Ya lo haré el mes que viene.
Así que nada, que bienvenida la Champions a la Ciudad Condal y felicidades al F.C. Barcelona, la plaza de Canaletas estará contenta.