Antes de atormentarles con una nueva entrega del malo malísimo de la muerte de mi Incubus, quiero proponerles la lectura de un estupendo artículo de la esplendida Maruja Torres en el EP[S] de ayer domingo. Dejo el enlace por si quieren leerlo entero. ¿Se lo van a perder?
Aparte de que, como de costumbre, sus artículos no tienen desperdicio, o sea, que se come todo, quiero entresacar un párrafo que me parece sumamente interesante que nos puede hacer recapacitar sobre el tema de la inmigración.
Yo lo copio literalmente y ustedes sacan sus conclusiones.
"Todo ello coincide con una historia que no parece tener mucha relación, pero que yo creo que sí la tiene. Hace un par de meses, un señor asiático, posiblemente chino, amable y cortés, abrió una tienda en mi calle. Un local mínimo, sin escaparates, sin cristales. Puerta metálica y mercancías dentro. El buen hombre abre temprano, y cuando le pregunté (era Viernes Santo: Barcelona santamente cerrada) a que hora cerraba, sonrió de oreja a oreja, esa sonrisa del buen comerciante que siempre me calienta el corazón y dijo: "Once y media de la noche. Siempre, siempre". La tienda no es precisamente Hipercor, pero tiene cositas necesarias para la supervivencia cotidiana e incluso semanal. Y tendrá más, conforme pasen los días y los vecinos acudan, porque el hombre necesita desesperadamente prosperar.
Al que viene a trabajar dejándose las pestañas hay que considerarle no solo una buena contribución, sino un recordatorio de quienes éramos antes de que nos convirtiéramos en lo que somos.
Viva este 1 de Mayo sin Coca-Cola Light".