Cádiz, noviembre de 1950. He ido a un bautizo, debe ser el mío porque todo el mundo se me acerca, me besa en la frente, me achuchan los mofletes, me quitan el chupete y me dan con él en la nariz, me pongo bizco y se ríen a carcajadas, se ponen delante de mí y comienzan a poner caras raras y a dar grititos estridentes hasta que consiguen asustarme y comienzo a hacer pucheros.
"Evidentemente no me acuerdo de nada... sin embargo, tengo una imagen en la retina o clavada en mi memoria, es un recuerdo confuso pero posible, aunque no sé si me pertenece o es algo que he visto o vivido en otro momento y quien sabe si a otra persona, pero yo lo asocio como algo mío y propio".
Está anocheciendo, me llama la atención el color del cielo que en ese momento es de un azul marino intenso, a mi alrededor hay más gente de lo habitual, alguien se acerca a mi y me moja los labios con vino, alguna gota ha caído dentro de la boca y lloro ante lo desagradable, amargo y ácido de su sabor.
"Muchos años más tarde, pregunté a mis padres por aquella visión antigua que no he olvidado, dicen que es cierto que me dieron vino, pero que es imposible que yo pueda recordarlo".
Toledo, 1956. No quiero comer, no sé que me ocurre pero no me gusta la comida. Sólo quiero paella y patatas fritas pero dicen en mi casa que eso no es comida. Así que mi madre me da un puré de hígado y sesos que según el médico es buenísimo para mi debilidad, también ha recomendado que me tome un ponche de huevo batido, leche, azúcar y vino, dice el doctor que todo eso mezclado es un reconstituyente muy apropiado para mi edad, para que crezca sano y fuerte. Además, media copita de jerez quina antes de las comidas para que me abra el apetito. Pues que se lo tome él, que es un enano. Se me ocurre decirle a mi madre quien me tapa la boca con un bofetón repentino y rápido. Pero es verdad, el médico que me tortura no ha crecido mucho más que yo y además es calvo, no deben ser muy buenas sus pócimas milagrosas de alquimista.
Pero según me lo van dando, comienzo a dar arcadas hasta que lo vomito todo, no se dan cuenta que eso no me ayuda en absoluto, no se puede obligar a un niño a tragarse a la fuerza cosas así, me siento como un pato engordando su hígado a la fuerza hasta convertirlo en paté o explote.
Para reforzar todo lo anterior, me martirizan con unas inyecciones de hígado que me dejan medio cojo durante casi una hora y que son dolorosísimas. No sé de quién será el hígado que está en la jeringuilla, pero por lo que me duele, debía estar peor que yo.
Las horas de las comidas y cenas se convierten en un suplicio lesivo para mí. Tal vez no me guste comer por todas esas porquerías que me dan antes, durante y después de las comidas.
Para colmo de males, cuando me sube la fiebre me meten en la cama, me abrigan con mantas que raspan como silicios y me ponen en la mesilla de noche un baso de leche caliente con coñac y una aspirina, que he de tomarme para que sude y expulse con el sudor, los humores y malos espíritus de mis calenturas cíclicas.
Málaga, 1958. Hemos asistido al bautizo de mi hermano; ha ido un montón de gente entre compañeros del trabajo de mi padre, vecinos y familiares, el convite ha sido largo, aun más largo y divertido ha sido la sobremesa: algunos invitados que han quedado han hecho una mesa redonda y han seguido con su fiesta particular, seguro que ya están medios borrachos, nos escondemos tras los aligustres para observar las tonterías que hacen, hasta mi madre se ha puesto a fumar y canta pasodobles, fandangos y sevillanas; mientras tanto, yo me harto de jugar con los demás niños al escondite y al tula.
Al final se ha hecho de noche, tengo sueño y estoy cansado, pero me veo andando por la calle camino de casa con la chaqueta de mi padre puesta sobre los hombros, naturalmente me sobra americana por todos los lados y ando un poco asustado, por mi padre al que nunca había visto así, no se me olvida aquella visión de ídolo caído y derrotado que era lo que constituía él para mi, es llevado a hombros entre dos amigos o vecinos hasta arrojarlo en la cama de casa. Pide un orinal para devolver y yo me salgo al patio. No quiero saber nada, ni oír ni ver nada, sólo la luna me mira desde su atalaya solitaria y fría y me olvido de todo contemplándola ensimismado en la negrura de la noche.
Pineda de Mar, 1960. Mientras exploramos los alrededores de las obras del hotel Taurus, junto a la playa, encontramos un botella de anís del Mono que sin duda es de algún obrero de la construcción que se la ha debido dejar olvidada; escondidos entre la maleza, olemos el líquido, nos mojamos un dedo para probarlo, está bueno, algo fuerte, pero bueno y dulce, un poco tú y otro poco yo... Al día siguiente ni él ni yo podemos ir al colegio, en el pueblo, a un kilómetro y medio de casa. Siempre nos lleva y nos trae de regreso el dueño de la casa en donde vivimos de alquiler con derecho a cocina, se llama Daniel y nos monta en su carro tirado por su mula Estrella. Entre los aperos de la labranza que hay en el carro, siempre hay una botella de cazalla que sirve, según él, para matar el gusanillo por las mañanas. No sabemos que gusanillo es ese, ni mi amigo ni yo lo hemos visto nunca.
Madrid, 1962. Nos hemos aficionado decididamente a tomarnos unos vinos antes de comer mientras jugamos al futbolín, algunas veces nos mareamos un poco y somos la irrisión de los demás, pero creemos que estamos haciendo gracia y nos hacemos los simpáticos y hasta fingimos que estamos borrachos para que se nos considere más adultos. Por la radio del bar suena insistentemente y a todo trapo el Satisfaction de los Rolling y pensamos que somos tan rebeldes como sus "Satánicas Majestades", pero tengo la sensación de que en realidad sólo somos una panda de imbéciles descerebrados, pero aún no lo sabemos. Hay quien se pasa toda la vida sin descubrirlo.
1966. Mientras suena el Drive My Car de los Beatles y el California Dreams de Mamas and The Papas, nos preparamos para ir al baile, ya hemos tomado varias copas previas y aún nos falta la consumición gratuita en el club y algunas más que vendrán después. Nos gusta ponernos a tono, sobre todo a mi que soy especialmente tímido. Con el alcohol, las chicas me parecen más cercanas, pero seguro que ellas me ven más lejos y un poco más idiota. Tal vez, sólo me soportan.

Es todo cierto, aunque les parecera mentira a las generaciones de ahora, pero yo tambien que era muy enclenque tome el famoso ponche con el huevo crudo, el filete de higado..., lo del chupete mojado en anis tambien lo he visto, no se si lo he vivido pero es posible. Fue una forma de educación y nuestros padres y antes nuestros abuelos lo hacian pensando que era lo mejor para nosotros, la clase médica tambien le parecia correcto y lo aconsejaba. No podemos olvidar que no conocian mucho de lo que hoy se sabe en materia de medicina, el alcoholico no existia, era borracho vicioso, de enfermedad nada, pero eso si el hombre debia beber sino era sintoma de mariquita... era otra vida. Un médico era bueno y de categoria si te miraba por RX cada ver que pasabas por su consulta, a mí me han visato veintemil veces porque ya te digo que era una enfermica.... y así muchas cosas.
La vida ha cambi8ado mucho y debemos dar gracias a tener tantos recursos.
Salud y Paz
Sabes hay ciertos fragmentos de akellos antaños q rescatar, pero creo q los más memorables son los más dolorosos y los q x desconocimiento infringían en ese étapa de gran ignorancia y q ahora ya es muy bien sofocada, q alivio --.--".
Aunque cabe decir q ellos es muy marcante y keda siempre en muchas personitas q no han podido aún litigar con ese pasado casi negro, y pues xq no recordarlo como una etapa no tan funesta sino x lo contrario algo más idealizada a buscar mejorias con nuestro hoy ahora,,, me son simpáticas esas fechas,,, wow es tanstísmo time de los 50s a nuestros días, aún hay cosas de las cuales nos falta mucho x corregir y dejar atrás mucha ignorancia...
Sigue adelante, me encanta esa gran memoria tuya para recordarte con efectividad o tratando de acertar en los grandes estadios de tu vida,,, me lleva a uno de mis post, publicaciones q deje pendientes referidos a mi vida titulados : ningún beso fue mío( I, II y próximamente las otras partes).
Saludos amix coctelero,,, =D
* Observa con más cuidado la vida, ojo q no te has dado cuenta de lo menos imprescindible...
Esta muy interezante tu relato y hay puntos clave, que me causan una gran inpreison y que permiten rescatar que las personas adquirimos un deseo y por que no, en ocasiones hasta un gusto por el alcohol; por otro lado en cuanto a tus recuerdos sabias que lo que con mayor facilidad son los momentos menos gratos, es decir lo desagradable, quiza por el impacto que tienen en nuestra vida.