Cada vez que oía su voz en aquella televisión antigua y monstruosa de los sesenta, corría como loco a verla con esa fuerza casi salvaje que se tiene en la pubertad, no sé muy bien si era para oírla o para verla; mi abuela decía que no le gustaba porque torcía mucho la cabeza y hacía "pucheritos" con la boca mientras cantaba o hablaba. Era cierto, pero a mi todo eso me parecía adorable y me gustaba tanto que estoy seguro de haber estado enamorado de ella, como antes lo estuve de Marisol.
Era entonces muy impresionable y me rendía a la belleza de aquellas niñas prodigio como las llamaron entonces a ambas, no sé si lo eran, pero para mi era suficiente con ver sus rostros de ángel. No sé si he cambiado mucho en esto porque ahora me siguen derrotando la belleza de las cosas, la poesía, la música, el arte, los buenos libros y las mujeres, si se me permite calificar como "cosas" a las mujeres, es con cariño y con sumo respeto.
Estaba enamorado de ella con ese amor limpio de polvo y paja, es decir, con ese amor limpio de sexo que se tiene a los doce años, a los inocentes doce años de los de antes, algo platónico e imposible...
Actualmente y a la edad que ya tengo, aún me siguen gustando el rock de antes y el actual, en un ejercicio en el que la evolución no me ha dejado atrás: U2, REM, Red Hot Chili Peppers entre otros, el arte de vanguardia y todas las moderneces con categoría o calidad suficientes que salgan en todos los ámbitos de la cultura. No sé si tendrá algo que ver, pero pienso que esa es la razón por lo que nunca me han gustado ni el mundo en el que viven las folclóricas por su divismo y mucho menos su música.
Pero ella no era una folclórica y mucho menos una diva, teniendo el cuenta el mensaje peyorativo que se tiene de la palabra, antes al contrario, siempre he admirado su calidad humana y la sabiduría y entereza con las que se ha enfrentado a su grave problema de salud, sin tener que ir permanentemente al "Salsarosa" o al "Aquihaytomate" o programillas por el estilo, mejor dicho, por el mal estilo. Nada de bolsazos y arañazos a la cámara, nada de insultos y escupitajos, nada de "Jose, míralo, que no me dejan ni andá", para acto seguido, ir el bueno de José a darle unos achuchones al cámara, sin querer darse cuenta que el que no quiere no sale en la foto; y es que para andar por la vida como la hecho Rocío Dúrcal hay que tener clase y elegancia, algo de lo que andaba más que sobrada.
Dedicó unas breves y amables reseñas y guiños simpáticos para la "prensa" rosa, que también ellos tienen que comer, con una dignidad y una elegancia de la que debieran aprender muchas y muchos, solo interesados en vender su desgracia, su mierda y su carroña, en ocasiones inventada y consentida para dar carnaza a la parroquia y a todo aquel que lo quisiera ver, previo pago, naturalmente.
Por último, me ha emocionado la forma en que se ha ido, sin hacer excesivo ruído. He sentido su muerte como si hubiera sido la muerte de alguien cercano y adorable, como siento casi todas las muertes, a fin de cuentas, ella fue unos de mis primeros amores de juventud, platónico e imposible.
Para ti, un beso ya imposible, Marieta.
1 comentario
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados

Que descanse en paz.
Saludo.