La soledad de una reclusión obligada da para muchos pensamientos inocuos. Pensamientos con sentido o carentes totalmente de ellos. Estoy mal pero tengo una cama que parece cómoda, una mesa y una silla que aún no he utilizado porque no me atrevo a moverme de donde ella me dejó, tirado en el lecho, aterrado, después de quitarme la capucha y salir del cuartucho, de eso hace ya bastante rato. Mi mirada se posa una y otra vez sobre el rimero de libros que hay apilados sobre la mesa, media docena de volúmenes usados, antiguos, con los bordes de las páginas amarillentos de tiempo y en su interior polvo acumulado de años. Los miro una y otra vez, a pesar de la atracción mágica que ejercen sobre mi los libros antiguos, no me atrevo a levantarme para tocarlos. Sobre el mueble no hay nada para escribir, solo ellos, olvidados libros de viejo. Las paredes de cemento y ladrillos están sin pintar, al principio, cuando entré en el cuarto por primera y única vez, noté un fuerte olor a humedad, pero ya no, me he debido acostumbrar a él a pesar de que sólo llevo unas pocas horas recluído, aunque las grandes manchas de humedad son evidentes en la pared, tal vez por la reciente construcción de la vivienda, aunque no fue esa la sensación que tuve al subir los diez escalones de piedra sin tallar, y por la oleada de aire comprimido insano que me recibió al entrar. Quizá la casa sea antigua y solo esta habitación sea de construcción reciente. Mientras todo esto sucede en mi cerebro, en otra parte de él he comenzado a pensar en una canción, y la tarareo mentalmente una y otra vez: "aire..., oxígeno, nitrógeno y argón...".
Pienso obsesivamente en el por qué de un secuestro, a mí precisamente que no tengo más bienes que mis propios pensamientos.
Pienso en la gente que hay afuera ignorantes de que yo estoy privado de libertad, palabra que adquiere todo su maravilloso significado al sufrir este confinamiento absurdo. ¿Cuántas personas ha habido en la misma situación que yo, y no he sido consciente de ello?
Desde hace un rato tengo una idea en la cabeza que me inquieta y obsesiona, pero no puedo saber de que se trata, sólo sé que algo me amenaza y me alarma sin saber el motivo. Me olvido de esa desagradable sensación y sigo cantando para mí. ¿Cómo es posible que tenga ganas de cantar, aunque sea mentalmente, dada la delicada e incierta situación en la que me hallo? No tengo ganas de cantar, sin embargo la canción sigue ahí, fijada en mi cabeza sin poder evitarla con su obsesivo estribillo. Intento deshacerme de ella y lo consigo momentaneamente, pero enseguida regresa la breve silueta de Ana sumergida en un mar de mecheros encendidos sobre la oscuridad, y con la imagen de nuevo la canción: "aire..."
Cuando he visto a un secuestrado tras su liberación, siempre he pensado que ha debido de pasarlo mal, una situación angustiosa por esa amenaza permanente del tiro en la nuca, esa incertidumbre de no saber nada de lo que va a suceder a continuación. Cuantas veces he visto las imágenes de Ortega Lara salir de aquel vehículo, sin saber donde se hallaba, desorientado, su mirada extraviada o extrañada, perdida, su expresión temerosa entre tantos amigos, mientras yo era ajeno a su sufrimiento aunque lo intuyese. La vida sigue para los demás mientras que para el secuestrado el tiempo se detiene como si la bala se hubiera alojado fatalmente en su nuca, en mi nuca, como aquel horror perpetrado contra Miguel Ángel Blanco. ¿Por qué me acordaré precisamente ahora de él, de ellos?
De repente, esa amenaza que se había instalado en mi mente, ha cobrado sentido indentificándose de golpe: ¿Y si es ETA quién me ha capturado? ¿O esos diablos de Al Qaeda? Ellos no quieren dinero, persiguen un rescate político o religioso, según los casos, así que me pueden matar si no lo consiguen, y sé que no lo van a conseguir, sabiendo que el Gobierno no cede nunca ante chantajes terroristas de ningún signo y hacen bien. O sea, que estoy jodido.
"Pero ETA hace tiempo que no secuestra a nadie, se ha vuelto peligroso para ellos, económicamente caro de mantener y requiere de una buena infraestructura. Además, ¿una sola persona como única encargada de raptarme, atarme, conducir el coche, mantenerme en buenas condiciones y vigilado? Demasiado trabajo y riesgo incluso para una mujer. Por otro lado, ella no tiene pinta de ser musulmana ni de tener nada que ver con esa sabandija de Bin Laden. ¿Entonces, quién podrá ser y que es lo qué quiere de mí?"
La pregunta me inquieta porque no tiene respuesta, o al menos yo no la encuentro. A veces tomar conciencia de las cosas hace que sea más dura la realidad, pero uno se puede ir acostumbrando a la verdad terrible, poco a poco. Pero la incertidumbre..., la incertidumbre en si misma es espantosa; sí, es peor no saber.
Sin embargo, en algunos momentos una fuerza superior que no sé de donde proviene, hace que no llegue a darme cuenta de mi situación, no he llegado a tomar conciencia de la realidad, es como si me hubieran administrado una dosis de anestesia o Tom Wolf, un chupito de su "Ponche de ácido lisérgico" y por todo ello, mi cuerpo hubiera caído en una especie de sopor, en un viaje alucinatorio.
Y entre tanto caos, dentro y fuera de mi cabeza, la frase inicial de ella: "Te estoy apuntando con mi arma..." como si su arma fuera su propio sexo; ¿por qué no dijo te estoy apuntando con un arma, o con una pistola...?
Sin duda, los efímeros encuentros que he tenido con ella, esas breves visiones de su cuerpo, su suéter negro ajustado, unido a la droga que posiblemente me haya suministrado en las comidas para tenerme sedado, están haciendo que mi mente vea e imagine situaciones que aún no se han producido.