¿Se puede jugar al fútbol llamándose uno Pisculichi? No sólo se puede, sino que se debe.
Como no debe de llamarse uno es a engaño, que es lo que hacen con nosotros, los seguidores madridistas, cada domingo y cada miércoles, y entre medias, una copa.
Como no debe de llamarse uno es Ronaldo, o Zidane, o Beckham, o Roberto Carlos o Robinho. Así no, así no se puede jugar al fútbol.
No se puede jugar al fútbol cambiando de entrenador cada cuatro meses, fichando a los mejores hasta que llegan al Madrid. Cuando llegan aquí se vuelven locos. ¿Estarán las paredes del vestuario alicatadas de cocaína? López Caro, que desde que llegó se me había aparecido la Virgen María, ayer me hizo despertar de golpe, de un golpe duro, más incluso que el golpe del martes ante el Arsenal, porque no me olvido que se jugaba ante el 18º clasificado, que llevaba cuatro meses sin ganar en su estadio, hasta ayer, y en una situación delicada.
Porque lo de ayer fue el desbarajuste total, como el fútbol total, pero sin fútbol. Raúl Bravo, central, y en el banquillo Mejías, Pavón y Helguera. Beckham por detrás y detrás de Cicinho. Gravesen mordiendo y crujiendo piernas (debió ser expulsado). Y Michel Salgado aplaudiendo con entusiasmo el gol. Y Diogo comiendo pipas. Y Cassano, con cara de infeliz, preguntándose donde se ha metido. Alentador. Y el público aguantando el chaparrón, los jugadores también, pero estos cobran y de que manera, y aquellos pagan y de que manera.
Y los que nos agolpamos en las barras de las cafeterías para ver el partido los domingos sin fútbol en el Bernabéu, hace mucho que no hay fútbol en el estadio, también pagamos, aunque ese gasto no revierta en el club.
Recordaré durante mucho tiempo a estos jugadores de la séptima, la octava y la novena. Pero ya se acabó.
Yo que no rezo, rezaré una novena por la décima, dentro de muchos años, cuando el fútbol vuelva al Santiago Bernabéu. Mientras veré lo bien que juegan los demás, sobre todo cuando se enfrentan a los grandes, Madrid y Barcelona. Si siempre jugaran así, nadie bajaría a segunda, o no bajarían los tres últimos, bajarían los menos buenos.
Y que conste, que a pesar de todo y aunque parezca una contradicción, sigo teniendo fe en este equipo y confío en la remontada ante el Arsenal y en ganar el derby el sábado.
La fe mueve montañas, pero por más que empujo...