Hoy debería ser un día grande para mí. Todos los 14 de febrero lo han sido, casi siempre he estado en buena compañía en esa fecha.
Pero ya va para mi segundo Día de los Enamorados sin nadie, sin ella, como antes lo fue mi segunda Navidad, mi segundo cumpleaños, el suyo. El segundo año sin sus besos...
Le regalaba flores, yo siempre he regalado flores a las personas que quiero, y a las que amo, sobre todo a las que amo. Tal vez no sea muy original, pero soy un romántico de los de antes, siempre le regalaba las flores más bellas que encontraba, las elegía yo, ninguna era tan bonita como ella, ni olían tan bien.
No puedo reprimir ese halo de nostalgia, de extrañeza ante su ausencia; tengo sobre mi piel esa pátina de desgracia permanente, un augurio de despedida definitiva, porque aún no me hago a la idea de que ya no esté. Es una prueba no superada en este concurso que es la vida.
"De otro, será de otro como antes de mis besos".
Todavía me duele pensar que será de otro, aunque no lo sea, me lo imagino, aunque a lo peor aún esté sola. No quiero que esté sola, quiero que viva la vida que se merece. Porque aún la quiero bien, quiero que sea feliz.
Pero aún siento una punzada en el estómago, o en el alma, no sé, algo se remueve en mi interior al sospechar que puede estar con otro. Es todo tan contradictorio, en realidad lo que yo quiero es que no esté con nadie, que esté conmigo, de nuevo, otra vez, retomándolo todo para no fallar en lo que se falló. Tal vez no se falló en nada, sencillamente no pudo ser y por eso no fue.
Pues nada, deseo que los enamorados sean felices hoy, mejor, que hagan un 14 de febrero diario, permanente, eterno, que se disfruten el uno al otro mientras les dure el amor, y cuando este se acabe, en la despedida, que tengan la inteligencia de saber alejarse sin dramas, sin odios, que recuerden lo que han vivido juntos y que eso les una en la distancia.
Con respeto, llevándose los jirones que quedan, los rescoldos de amor que aún perviven en sus corazones, que mantengan vivos los recuerdos para que la separación sea lo menos traumática posible.
Y sobre todo, sin daños para nadie, demasiado dolor se llevan ya en la maleta; aunque entre tanto amor y desamor, el mundo se siga matando por estupideces, como "el amor en los tiempos del cólera".