La masacre.
"Pero las represalias no se hicieron esperar, los casacas azules que dicen ser los auténticos americanos aunque en su fuero interno saben que eso no es cierto, se llevaron a nuestros búfalos de las zonas de caza para eliminar nuestra principal fuente de alimento en las llanuras. Sólo disponíamos de nuestros caballos y mulas, pero como sabes, para nosotros es tabú y no podíamos utilizarla para nuestro sustento. Sólo disponíamos de lo que podíamos cultivar habitualmente, la pitahaya, el saguaro, los dátiles de la palma y los cactos.
El bloqueo de los blancos nos hizo volver a nuestras bebidas de siempre, agua sobre todo. Pero estábamos nerviosos por la falta de los brebajes de los blancos, y volvimos a fabricarnos los nuestros destilando la planta de la pita de donde sacamos el aguardiente de mezcal, o el pulque, más flojo que el anterior.
En un intento desesperado por sobrevivir, enviamos a cazar a los más jóvenes por ser más fuertes y sanos, aunque también los más inexpertos, fueron hacia el norte, a los bosques donde pastaban los ciervos, antílopes y alces. Usamos nuestras flechas y lanzas, desechamos las armas del blanco por ser demasiado ruidosas las cuales nos delatarían enseguida, teníamos que ser astutos como el zorro y rápidos como la liebre para sobrevivir, aunque echábamos de menos a nuestro animal preferido, el búfalo. De él aprovechamos todo, su carne para comer, su piel como ropa de abrigo para el invierno, para la ropa de cama, cuerdas para los arcos y para construir nuestros tipis.
Muchas lunas después, los blancos nos fueron relegando a unas zonas cada vez menos extensas, seguramente para tenernos controlados, unas reservas donde la caza era menor por lo que no teníamos más remedio que aventurarnos en las tierras habitadas por los blancos. Solo queríamos cazar como siempre habíamos hecho, pero ellos creían que les atacábamos. Algunos hermanos lo hicieron al ver morir a sus hijos sin poder hacer nada, quemaron las granjas, destruyeron las cosechas, robaron el ganado y asesinaron a sus pobladores.
Los casacas azules tampoco se quedaban atrás, efectuaban numerosas incursiones en nuestros territorios dándonos muerte y robándonos los pocos animales que teníamos, también tomaron como rehenes a muchos hermanos nuestros acusándolos de romper los tratados de paz que firmamos con ellos. Nada de eso era cierto, no del todo, en cualquier caso, nosotros no éramos culpables ni responsables de lo que hacían nuestros hermanos en su desesperación.
Este es el relato de Alce Negro de lo que sucedió en Wounded Knee, la mayor ignominia a que fue sometido nuestro pueblo".
"Los soldados comenzaron a desarmar por la mañana a los de Big Foot, los cuales acampaban en el llano contiguo al otro en que ahora están el monumento y el cementerio. La gente amontonó casi todas las armas de fuego, e incluso los cuchillos, junto al tipi de su jefe enfermo. Había blancos en el cerro y sus alrededores y también en el sur, al otro lado de la cañada, y al este, a lo largo de Wounded Knee Creek.
La partida estaba casi rodeada y los fusiles de carro la apuntaban. Como algunos no habían entregado sus armas, los soldados registraron los tipís, tirando objetos y tocando todo. Un hombre llamado Pájaro Amarillo estaba con otro delante del tipi donde Big Foot se hallaba enfermo. Telas blancas los cubrían por completo con agujeros para mirar y escondían los fusiles debajo de ellas. Un oficial los cacheó. Desarmó al otro hombre y pretendió hacer lo mismo con Pájaro Amarillo, el cual se resistió. Luchó con el oficial y, durante la pugna, el arma se disparó. Los soldados y algunas personas aseveran que lo hizo voluntariamente, sin embargo, Perro Jefe, que asistió al lance, asegura lo contrario.
En cuanto sonó el disparo, según Perro Jefe, un oficial mató a Big Foot de un tiro, a pesar de que estaba enfermo en el interior del tipi.
De pronto nadie supo lo que ocurría, salvo que los soldados hacían fuego y los fusiles de carro diezmaban al pueblo. Muchos perecieron en el mismo sitio en que se encontraban. Las mujeres y los niños corrieron hacia la cañada, ascendiendo en dirección al oeste. Los soldados los cazaban durante la huida. Había únicamente un centenar de guerreros y casi quinientos wasichus (blancos). Los bravos se precipitaron al montón de fusiles y cuchillos.
Hasta que consiguieron recobrarlos, combatieron al enemigo con las manos desnudas.
Perro Jefe vio que Pájaro Amarillo se metía en un tipi con su rifle. Desde él eliminó soldados hasta que su refugio se incendió. Entonces pereció lleno de balas. Entretanto, muchos lakotas, que habían percibido las descargas, llegaban de Pine Ridge. Mujeres, muchachos y niñitos, muertos y heridos, sembraban los lugares por donde habían querido escapar. Los wasichus los habían acosado a lo largo de la cañada y los habían asesinado. A veces estaban amontonados porque habían intentado acurrucarse en grupo, y algunos estaban aislados; otras veces, pilas de ellos habían sido destrozados por el impacto de los fusiles de carro.

Hallé a un bebe que intentaba mamar, pero su madre, cubierta de sangre, había muerto. Dos niños, en la cañada, se habían defendido y habían matado soldados cuyos cadáveres vimos. Los niños estaban solos e ilesos. Eran muy intrépidos. Hombres, mujeres y niños, apilados o separados, cubrían el llano que había en la base del otero en que los wasichus dispusieron sus fusiles de carro, y hacia el oeste, subiendo por la cañada hasta la cumbre, se encontraban cadáveres aislados de mujeres, muchachitos y niños.
Al ver aquello deseé haber muerto también, aunque no me apené por las mujeres y los pequeños. Era preferible que gozasen de la felicidad del otro mundo a seguir viviendo en el infierno de éste. Anhelé estar con ellos. Pero ansiaba desquitarme antes de morir. Pensé que llegaría el día en que podríamos vengarnos". (Alce Negro)
"Todo esto nos fue revelado por nuestro último gran guerrero Toro Sentado. A él se lo dijo durante una de sus alucinaciones el Espíritu de Kitchi Manitú cuando tú todavía no habías nacido, advirtiéndole del sufrimiento de nuestro pueblo.
Los conocimientos del Gran Espíritu han pasado a nosotros de generación en generación. Mis antepasados lo han ido transmitiendo boca a boca. Mi bisabuelo al que no conocí se lo dijo a mi abuelo. Mi abuelo al que no conocí se lo reveló a sus hijos. Mi padre a los suyos. Y yo, Ominotago, lo hago con mi hijo Sheshebens en el último día de mi vida, el 29 de diciembre de 1890, día de la masacre de Wounded Knee".

Este es un relato histórico. Debido a su extensión se publica en tres partes: La invasión, La batalla y La masacre. Los datos referentes a algunas de las costumbres indias como la comida y bebida, la caza y lo que atañe al papel de ingleses, franceses y españoles en su afán de conquista son ciertos así como los nombres y sus significados. Los datos sobre la batalla de Little Bighorn y la masacre de Wounded están contados a modo de fábula respecto a la historia oficial. Si se relatara con toda la crudeza de la realidad histórica, tal y como se recoje en las webs de las que he obtenido los datos, sería un cuento descarnado y cruel y no era eso lo que perseguía.
Todo pudo haber sucedido así. Sabido es que la historia, en ocasiones, acomoda la realidad de los hechos según quién la cuente. Y yo la cuento así.

(Datos obtenidos de Martha Delfin Guillaumin en la www.historiacocina.com / Pablo Roig en www.lilliputmodel.com / Esteban Ierardo en www.temakel.com / www.mapahumano.fiestras.com / Fotos www.osoblanco.com)