La batalla.
"El Consejo de Ancianos, alarmados, se reunió a deliberar, dijeron que nos habían invadido los malos espíritus por medio del extraño temblor de nuestras manos, temblor que los propios ancianos padecían cuando salía el Sol por las mañanas. El más anciano dijo que Kitchi nos castigaba por depender del hombre blanco para obtener comida, nos castigaba por abandonar la caza del tatanka, nos castigaba por vestirnos con ropas impropias, nos castigaba por cambiar pieles por las armas del blanco, y sobre todo, nos castigaba por aceptar aquel brebaje maldito que nos volvía locos, a cambio del oro de las montañas, revelando así un secreto milenario que nos llevaría a la extinción.
Tenían razón, siempre utilizamos nuestras armas para defendernos, pero comenzamos a usarlas para atacar sin motivo, imbuidos por la bebida que nos volvió beligerantes y violentos; sanguinarios y traicioneros, por la facilidad con que podíamos abatir a los blancos para robarles, o de forma más legítima, a todo aquel que osara hollar con sus caballos nuestras tierras. Nos volvimos locos e irreflexivos como nunca lo habíamos sido".
Esos fueron los regalos a cambio de nada de los blancos a nuestra civilización: aguardiente, ron, alcohol de caña, excesos que nos hizo llegar al alcoholismo y la depravación. Y armas para atacar diabólicas que lejos de hacernos más fuertes, nos hicieron más débiles.
Si, debimos haberlo previsto.
"Dejamos las luchas cuerpo a cuerpo, hombre a hombre, donde vencía el más fuerte y astuto, para caer en una lucha donde siempre vencía el que disponía de más armas o el que era más cobarde: sólo había que acechar tras una roca y disparar.
Más tarde, los colonos y demás invasores descubrieron oro en Black Hills donde enterrábamos a nuestros muertos desde tiempos inmemoriales. Dijeron que debíamos permitirles el paso ya que esas tierras les pertenecían, que debíamos marcharnos.
Entonces conseguimos reunir la mayor fuerza de hermanos jamás vista al mando del gran jefe Apache Goyathlay, al que los blancos llamaban Ieronimus; los Sioux de Tatanka-Iyotanka, al que llamaban Sitting Bull; Gall de los Lakota Siounan; Caballo Loco de los Oglala Sioux. También vinieron los Cheyenne, los Sanc Arcs, los Miniconjou, los Hunpapas, los Pies Negros, los Brule y muchos más. En total, más de 13.000 guerreros y 20.000 caballos unidos por una misma causa común: expulsar al hombre blanco de nuestros territorios.
Nos asentamos en la gran llanura rodeada de colinas cercana al río Little Bighorn, sería difícil que nadie nos pudiera localizar a no ser que se acercaran al borde del promontorio. Tan grande era el campamento, que tuvimos que emplear cerca de cuatrocientos hombres de las distintas tribus a lo largo de todo el perímetro para su vigilancia. Cada tribu levantó sus tepees en círculo y todas conformaron a su vez un inmenso círculo dejando en el centro las tribus menos pobladas.

Pero ellos nos atacaron incomprensiblemente cuando estábamos descuidados. A pesar de ello, aquella fue la mayor victoria obtenida sobre los blancos, aunque también fue la última. Vencimos en una gran batalla estratégica de Caballo Loco al poderoso, confiado y arrogante ejército de los Estados Unidos, dimos muerte a Pahuska lo cual nos llenó de tristeza, el gran hombre blanco George Armstrong Custer que siempre fue amigo nuestro y que nos había defendido, dimos muerte también a gran parte de su familia entre los que se encontraban sus dos hermanos de sangre. Su aguerrido ejército del 7º de Caballería y los demás batallones fueron aniquilados sin piedad cerca del río Little Bighorn.
La batalla no fue fácil para nadie, ninguna lo es. Curiosamente, este fue el único caballo sobreviviente, su nombre era Comanche.
Mientras buscábamos a nuestros muertos, a tres kilómetros de allí encontramos el cuerpo sin vida del general, el que fuera en otros tiempos aliado nuestro, dolorosamente acribillado por nuestras flechas.
Ellos fueron los primeros en atacar tomándonos por sorpresa durante la celebración de la Danza Sagrada del Sol, también fueron los primeros en morir, antes del anochecer del 25 de junio de 1876.

(Datos obtenidos de Martha Delfin Guillaumin en la www.historiacocina.com / Pablo Roig en www.lilliputmodel.com / Esteban Ierardo en www.temakel.com / www.mapahumano.fiestras.com / Fotos www.osoblanco.com)