La invasión.
Soy un viejo guerrero cheyenne, este es el legado que quiero dejar al único hijo que me queda con vida Sheshebens, que significa Pequeño Pato, en el último día de mi existencia. En él le transmito la sabiduría de mis antepasados y todo lo que nos acaeció después. Nuestra historia será dicha a nuestros hijos para que estos lo transmitan a su vez a los suyos, generación tras generación, hasta el fin de los tiempos.
"Soy Ominotago que significa Hermosa Voz, hijo de Namid, la Estrella Danzante, nuestro pueblo llegó hace más de mil años desde las frías tierras de Canadá, buscando los territorios ardientes de Aleh-zon, Pequeña Primavera, lo que hoy es Arizona, y en donde abundaba la caza en sus verdes y extensas praderas.
Desde entonces hemos vivido siempre en paz y en armonía con la Madre Naturaleza y con los hijos e hijas de Esta, la Tierra, el Agua y el Sol.
Pero hace muchos años todo comenzó a cambiar muy despacio, con la lentitud y el sigilo de la serpiente. Comenzaron a llegar gentes de unas tierras lejanas buscando las nuestras, culpándonos por no querer dárselas y arrebatándonoslas por la fuerza de sus armas. Primero fueron los españoles, luego les siguieron ingleses y franceses. Dijeron venir de Europa buscando la expansión de sus estados, también dijeron venir en son de paz y en nombre de sus respectivos reyes, pero todos decían lo mismo: habían conquistado nuestras tierras donde siempre habían vivido nuestros antepasados. Aquello costó muchas vidas. Poco a poco nos fueron convenciendo ofreciéndonos ron y aguardiente y regalos sin valor, a cambio de que les entregásemos las tierras donde siempre vivieron nuestros antepasados, tierras que fueron nuestras desde antes de venir ellos.
Luego llegaron los colonos, caravanas repletas de hombres con las mismas pretensiones, establecerse en nuestro territorio alegando ser los auténticos americanos, nosotros sólo éramos para ellos unos desarrapados salvajes de cara arrugada y piel quemada por el sol. No sabemos que clase de individuos eran aquellos que decían ser dueños de nuestras tierras, solo sabemos que cuando nosotros ocupamos las tierras actuales no había nadie a quién pedir permiso. Por otro lado, nosotros nos consideramos indios americanos, antes de que ellos fueran sólo colonos americanos.
Aquella diabólica y simple estrategia de los españoles de agasajarnos con todo tipo de bebidas alcohólicas a cambio de nada comenzó a dar sus frutos. Nos las regalaban y nos decían que era un buen trato, pero aquel trato propició nuestra futura decadencia y paulatina desaparición. Ellos nos incitaron a su consumo para granjearse nuestra voluntad y descubrir nuestros secretos, aquellos que habíamos guardado desde la noche de los tiempos.
Debimos haberlo previsto.
Nos ofrecieron unas armas -tubos de fuego- que nunca habíamos visto ni tenido en nuestras manos. Los ingleses y franceses disponían de aquellas armas mortíferas y ahora, gracias a los españoles, también las tenemos nosotros. Aquel brebaje maldito unido a nuestro ardor guerrero, nos hizo querer conquistar lo que no era nuestro y la Madre Naturaleza nos castigó por ello. El alcohol nos adormecía y hacía que atacáramos con menor intensidad. Nos creamos un hábito que nunca habíamos padecido, dependíamos de la bebida y por tanto, esperábamos con ansiedad la llegada de los españoles y su cargamento de armas, licores refinados y baratijas para las mujeres.
Errábamos los disparos con aquellos tubos de fuego, éramos inexpertos, pero nunca lo fuimos con el arco y la lanza, y también fallábamos con ellos."

(Datos obtenidos de Martha Delfin Guillaumin en la www.historiacocina.com / Pablo Roig en www.lilliputmodel.com / Esteban Ierardo en www.temakel.com / www.mapahumano.fiestras.com / Fotos www.osoblanco.com)