Ahora que ya no volveremos a ver nunca más una película, española al menos, donde se fume debido a la prohibición de hacerlo en el trabajo (recordemos que los actores trabajan mientras actúan), me pregunto ¿qué va a ser de Humphrey Bogart a partir de ahora? Tal vez eso sea secundario y seamos capaces de admirar una buena película suya sin echar de menos un cigarrillo en sus labios, aunque lo exija el guión.
Lamento utilizar a Humphrey Bogart como icono de fumador, pero si fumo es gracias o por culpa de él. Cuando todavía me faltaba un par de hervores para entrar en ebullición, creía que si fumaba como él me llevaría las chicas de calle como él. Ensayaba delante del espejo del baño durante cuatro o cinco cigarrillos y a mí no me salía. Supongo que por eso no ligaba. Me di cuenta demasiado tarde que el tabaco no tiene nada que ver para conquistar a una chica. Aquella creencia me dejó enganchado creo que de por vida, a los cigarrillos de después. Siempre hay un cigarrillo de después de: el cigarrito de después del café, después de la comida, de la cena, de la ducha, del periódico, del gimnasio...
Pero volviendo a la realidad del hoy por hoy, el Gobierno, este Gobierno que me da una de cal y dos o tres de arena, hace las cosas, algunas cosas, a medias como si también le faltara un hervor. Es como si en el momento cumbre, culminante, en la apoteosis final, sí, de ese momento cumbre, culminante y apoteósico estoy hablando, uno de los dos pusiera pies en polvorosa porque ha empezado el partido o porque se ha olvidado poner la lavadora, dejándome o dejándola sin el cigarrillo de después.
Está muy bien, ¡qué remedio! la prohibición de fumar donde no se debe; ¿pero no deberían haber previsto el hecho de que los que respetamos la prohibición, deberíamos tener un lugar donde apagar el maldito cigarrillo? Lo digo porque en los 22 días que llevamos de ley sádica-rápida, España se ha convertido en un cenicero de gigantescas proporciones, digno de ser incluido en el Libro Guinness de los récords. Buena iniciativa la del Ayuntamiento de Bilbao que va repartir entre sus ciudadanos, no sé si de forma gratuita, un cenicero de mano para los que fuman por la calle, que serán todos. Otra cuestión es si se tiene uno que guardar el cenicero en el bolsillo, que va a ser que sí, lo cual contribuirá a un nuevo problema añadido para el fumador. Qué se jodan, dirán algunos. Jodeos vosotros, mamonazos, contestarán otros. Nooo, vosotros, vosotrooos, que os van a subir el paquete a 6 eurooos. Bueno, entonces fumaré porros que van a estar más baratos. ¡Halaaa, porrooos!. Sí, porros, que pasa.
A los que nos enseñaron desde pezqueñines a no tirar papeles al suelo, nos da un poco de reparo eso de apagar los cigarrillos en el cenicero asfáltico. Cierto que es el mismo lugar donde lo apagábamos antes, pero ahora es que somos más, bueno, somos los mismos pero concentrados todos en la calle. Parecemos otra cosa, demandando otro trabajo, apoyados en la esquina, fumando, esperando a que se termine el cigarrillo. Ya se me ha acercado alguno guiñando un ojo diciéndome: Que, chati, ¿cuanto? ¡Joder! total, que tengo que apagarlo y salir huyendo de allí.
Pero España es distinta porque España es así, y esta nueva ley me parece cuando menos surrealista. Ayer fui a un estanco a por un paquete, y un cartel en la puerta me indicaba la obligación de apagar el cigarrillo antes de entrar... No sé si algo se me está escapando de las manos, o si me he perdido algo en los últimos días. Pero hay razones para pensar que en España somos raros, o surrealistas, o ambas cosas a la vez, lo cual ya es el no va más.
Me explico: ¿es normal que en un estanco me prohíban fumar dentro? Sí, siempre y cuando los expendedores no sean fumadores.
¿Es normal que en un estanco me prohíban fumar dentro, cuando el estanquero está fumando en el interior?
En otro orden de cosas aunque con el mismo tema de fondo y sin pretender generalizar, no he visto personas más intransigentes e intolerantes que los fumadores que han dejado de serlo. Te cruzas con él ex por la calle y te mira con la misma cara del inquisidor de Felipe II, bajo cuyo reinado se trajeron las primeras semillas de tabaco a España y por tanto a Europa. Que cosas. Bueno, pues dice el ex con veintitantos años de adicción o más, que le molesta el humo. Y es verdad que molesta, me molesta hasta a mí que soy fumador, pero creo que deberían acordarse de cuando fumaban, ¿les importaba entonces cuando atufaran al vecino? estoy seguro que ni les importaba entonces ni les importaría ahora si fumaran. Que sepan que ellos también molestaban tanto o más que ahora cuando nos dedican sus gestos estreñidos.
¡Un poquito de por favor, por favor!
PD.
Perdona Humphrey, pero tenía que hacerlo.