Viernes, 7 de mayo de 2004.
8.- Estoy en otra playa distinta a la de ayer; en la orilla, clavadas en la tierra húmeda, hay unas columnas de mármol blanco rematadas con capitel y arquitrabe, y dispuestas longitudinalmente. Entre ellas, unas cortinas de gasa blanca cuelgan de rieles invisibles, mecidas suavemente por la brisa en un paisaje típicamente surrealista. Es de día y el sol, cegador, me adormece sobre la playa desierta, aunque a través de los visillos transparentes, veo gente, mucha gente vestida con traje oscuro, corbata y bombín, sólo yo a este lado estoy desnudo y sólo.
Aparece mi hijo S, debe tener seis o siete años y me dice, llorando, que no puede andar, que no puede apoyar el pie en la arena, es el derecho, así que se lo miro y veo que tiene en un dedo una ampolla diminuta, le digo que eso es por estar tanto tiempo dentro del agua y que el roce con la arena ha hecho el resto, que no se preocupe que no es nada, le cojo en brazos para evitar que apoye el pie en el suelo, comienzo a andar pero no sé hacia donde debo dirigirme, probablemente busco un botiquín.
Durante todo ese tiempo he notado que hay alguien detrás mio, alguien que me habla al oído diciéndome que S no podrá volver a andar, creo que es mi hijo mayor R, aunque no puedo verle la cara y no reconozco su voz.
Estoy angustiado por la terrible posibilidad de que sea cierto, de que no pueda andar. Estoy dispuesto a darle uno de mis pies o los dos si hace falta para que camine, pero no sé si eso es tan fácil como cambiarse de zapatos.
Viernes, 7 de mayo de 2004.
9.- Camino por la vía del tren, pisando sobre las traviesas de madera, evitando los pequeños montículos de piedra que se acumulan entre los raíles de acero. A lo lejos veo un convoy que se aproxima hacia mi, aunque aún está muy lejos, su máquina roja se acerca a toda velocidad haciendo sonar su silbato para que yo lo vea. Siempre me gustó ver pasar el tren, rápido, estruendoso, con su séquito de hojas y polvo absorbidas por la velocidad, como un cometa de hierro. Me gusta apartarme en el último momento, en el último segundo, en el último suspiro, cuando está ya tan cerca que veo al maquinista haciendo gestos urgentes con la mano para que me aparte. Pero no lo hago aunque es un riesgo no demasiado calculado; una temeridad, una locura, tal vez un suicidio involuntario, lo sé, pero me gusta esa especie de miedo, esa adrenalina que el cuerpo desprende o descarga para contrarrestar el pavor que me produce la máquina, acercándose con un ruido infernal sobre los raíles, sin saber si seré capaz de apartarme a tiempo, o a pesar de hacerlo, la fuerza centrípeta me absorba y me destroce el alma. Intento saltar una valla que hay a mi derecha, esta no tiene más de un metro, pero por alguna circunstancia me es imposible pasar al otro lado, así que opto por cruzar la vía con rapidez hacia mi izquierda donde no hay obstáculo alguno. ¿Por qué no lo hice antes? Hay una pendiente con una estrecha vereda de tierra bordeada de matorrales y árboles resecos, es un paso a nivel sin barreras. Veo acercarse a varios ciclistas subiendo veloces la pequeña ladera para cruzar las vías. El conductor del tren no puede verlos, ocultos como están por los matojos y las hierbas altas que circundan los raíles, de la misma forma que ellos tampoco se han percatado de la inminente llegada del tren; soy el único que ve acercarse por ambos lados la tragedia. ¿Por qué no les aviso? Lo hago en el último instante haciéndoles señales con las manos, un gesto con las palmas vueltas hacia ellos para que se detengan, el primer ciclista acciona el freno con fuerza, apoya un pie en el suelo mientras las ruedas derrapan y chirrían sobre la arena, el tren pasa a medio metro de la delgada rueda de la bicicleta ya detenida, tan sólo décimas de segundo antes del paso del convoy. Pero no sé que ha sucedido con los otros, no hay rastro algunos de ninguno de ellos, sólo el ciclista al que yo avisé, permanece quieto, sobre el cuadro de la bicicleta, con el pie en el suelo y mirándome fijamente sin decir nada. Espero que me de las gracias, pero se monta en la bicicleta, gira sobre sí mismo y se aleja a gran velocidad por donde vino, sólo.
Sábado, 8 de mayo de 2004.
10.- Estoy en el interior de una casa, todas las puertas están pintadas de verde y mi intención es salir a toda costa de aquella mansión que no conozco, pero no encuentro la salida. Dentro de la casa hay una mujer que está cogiendo ropa de lo que parece ser un tendedero, pero no estoy seguro. Le pregunto que debo hacer para salir y ella me lo indica con la mano y sin decir palabra alguna, yo sigo sin encontrar la salida a pesar de seguir las indicaciones de la mujer muda y de la cantidad de puertas existentes en la casa. Alguna de ellas debiera servirme para salir de allí, pero es imposible porque todas abren hacia adentro y yo quiero salir por alguna que abra hacia afuera.
Debo haber encontrado una porque por fin salgo al exterior con la luz cegándome los ojos. Allí, veo que hay cinco o seis niños jugando en una explanada, entre un río de aguas bravas y una autopista muy transitada de vehículos, no conozco a ninguno de los niños, pero me siento obligado a decirles que tengan cuidado y que no se metan en el agua y mucho menos se les ocurra cruzar la carretera. Me considero responsable de lo que les pueda pasar.
Alguien me da unos "tirantes automáticos". No había visto ninguno antes pero sé lo que es y como funcionan: se colocan y ajustan automáticamente accionando un botón, tiene forma y tamaño de un tacón de zapato de caballero y el estuche para guardarlos es de color marfil. El artilugio lleva un enganche para colgarlo del cinturón mientras no se usa, lo cual me parece absurdo que unos tirantes para sujetar los pantalones se puedan colgar de un cinturón que también sujeta los pantalones. Aunque yo no los utilizo, me los llevo para regalárselos a una persona que conozco que sí los usa, aunque ahora no sé quien es, ni recuerdo su nombre.

Los sueños… me parece que son como… desahogos emocionales…
Mis sueños… suelen ser caóticos… Creo que porque están regidos por fragmentos de mi mismos… sin orden… ni razón…
Mientras lo ves… no dudas de que sea real… Ahí está… un mundo que… aunque sólo existe en nosotros… parece estar afuera... No reaccionamos ante él… como si nosotros mismos lo hubiésemos construido… ni nos damos cuenta de que… las emociones que el sueño suscita… no pueden sino proceder de nosotros mismos... Los personajes del sueño… y sus acciones… parecen dar lugar al sueño… No nos damos cuenta… de que somos nosotros… el que los hace actuar...
Lástima… que no suela recordarlos…
Besitos ... Dulces sueños…
BUenos sueños... los mios son casi como si fueran real y cuando despierto todo el dia rondan en mi cabeza, como si lo hubiera vivido. Pero son solo algunos, los mas bellos.
Te paso el test que me mandaron a mi primero...pasate por mi blog y lee las reglas! Un besito
Buenos sueños... los mios son como reales y cuando despierto siguen en mi mente como si los hubiera vivido. Los mas lindos me hacen parecr enamorada, osea envobada...
Te paso el test que me mandaron a mi primero...pasate por mi blog y lee las reglas! Un besito
Tina, tengo la plena convicción de que los sueños son retazos de cosas que han pasado durante el día o en días anteriores, pero que normalmente no somos capaces de reconocer. A muchos de mis sueños me he empeñado en buscarles un motivo y a veces lo he hallado y otras claro, no.
Hay temporadas en que no consigo recordar el sueño, otras sin embargo lo veo claro y dado mi afán a la escritura, lo escribo desde la misma cama, si pierdo el tiempo, seguro que se me olvida, hay que atraparlo antes de que el cerebro se contamine con otras historias.
Los sueños son reales porque se viven, sólo cuando se despierta se da uno cuenta de que todo ha sido un sueño.
Besitos sonámbulos
Eleanor, yo creo que todos los sueños nos parecen reales mientras se sueñan, afortunada eres si consigues soñar con en el amor y con cosas bellas. Yo solo sueño con el absurdo, luego me monto la película y lo escribo en un papel, pero como muy bien dice Tina, todo es un caos que procuro arreglar después.
Voy inmediatamente a tu blog a por el test.
Besitos Eleanor
Al leer los sueños quise reconocer cierto surrealismo, una especie de exposición entre sueño y realidad entremezclados...., llegado a un punto donde no se sabe cuál es la realidad y cuál es el sueño. Utilizar elementos oníricos para representar la realidad o viceversa, en cualquier caso, muy sugerente su lectura y su interpretación porque da mucho juego.
No sé cómo ni porqué pero recordé cuentos de Cortázar.
Me gustaría saber Rafael, si has leído alguno de los cuentos de Cortázar y si es casualidad que tus sueños me hayan recordado ese estilo cortazariano.
Besos
¡Vaya, María, me has pillado! Pensé que muy poca gente había leído a Cortázar y que no me iban a relacionar con él, está visto que ahora medio mundo lee al otro medio; menos yo, que me acongoja tener que decir que nunca leí nada suyo.
Pero aunque lo hubiera hecho, mi ética me impediría ni siquiera la más leve copia o imitación de algo escrito por él o por otros. Todo lo que leas es de mi cosecha y nunca encontrarás nunca algo plagiado, las citas de otros las entrecomillo y menciono al autor si sé quien es.
De todas formas he de decirte que la base de mis sueños son reales, si un sueño puede llegar a serlo; yo lo único que hago es contarlo. Así que debe ser casualidad.
He leído mucho a García Márquez (mi favorito) y todo lo de Arturo Pérez Reverte y Maruja Torres, pero nada del Sr. Cortázar, lo que me da la coartada perfecta. Jajaja.
No sé si podré seguir viniendo por La Coctelera, en los últimos días no me deja entrar a la web, así que tendré que buscarme otro blog, además, ahora que me has descubierto...
Besos
Vaya Rafael! era un halago el que te hacía, no una acusación, ¡Dios me libre!, simplemente te lo preguntaba para satisfacer mi curiosidad, no me cabe duda alguna de tu honestidad. Pues yo sí que he leído y leo a Cortázar, y aunque también García Márquez me encanta, mi preferido pudiera ser Cortázar por razones muy particulares y yo diría peculiares. Lo descubrí tarde y me ayudó leerle porque encontré la magia en lo cotidiano, eso me deslumbró.
Besos y más besos
Hola María, pues nada, leeré algo de Cortázar, ahora me siento culpable de no haberlo hecho, siempre me pasa, pero no puedo leer todo lo que yo quisiera.
De todas formas, no quiero que pienses que me había molestado, en absoluto, tú no lo haces nunca.
Besitos con original y copia.