Consultas externas del Hospital Gregorio Marañón de Madrid
Revisión médica con el cardiólogo. Hora de citación: 9:30 horas.
9:15.- Pregunto en información:
-Estoy citado para revisión -explico mientras presento los dos kilos de papeles que traigo.
-Planta 2ª, llame al ascensor -contesta alguien desde el otro lado del mostrador, sin mirarme siquiera y mucho menos a los dos kilos de papeles.
-¡Ascensooor! -llamo.
Llego a la planta 2ª, me bajo. Me atiende una enfermera con una amabilidad que me emociona (soy de lágrima fácil, que le voy a hacer):
-¡Tiene que pasar primero por la ventanilla dos!
-¿Y dónde está la ventanilla d...?
-¡En la planta baja!
-¡Ascensooor!
9:20.- Totalmente emocionado me seco las lágrimas mientras me pongo a la cola de la ventanilla dos, entretanto, noto que algo me está mordiendo el dedo gordo del pie derecho.
-Que venía para una revisión de...
-Deme la hoja de citación.
-Sí... También traigo dos ki... y los inf...
-No me hacen falta ni sus papeles ni sus informes, esos se los da usted al médico.
-Vale -acierto a decir mientras muevo, incómodo, el dedo gordo del pie.

-Deme la tarjeta sanitaria... ¡Esa no, la otra!
-Sólo tengo esta, la de siempre, yo...
-¿No le han dado la roja?
-¿La roja? ¿qué roja? yo sólo tengo una amarilla...
-Está bien, está bien, tenga el número y vaya a la planta dos.
-Gracias, muy amable -le digo con sarcasmo al trozo de carne con cofia blanca que me ha atendido, y pensar que hubo un tiempo que fue una persona. Me digo mientras me dirijo de nuevo al ascensor con la extraña sensación de haber pasado por allí no hace mucho.
9:25.- Se abre la puerta del ascensor y un regimiento de sillas de ruedas con señor impide que entre. Un enfermero tipo Goliat marca Capitán Trueno también me lo impide, me dice que espere otro con la amabilidad acostumbrada. ¿Cómo voy a esperar otro?, será el mismo pero vacío.
Mientras espero, pienso en la amabilidad de los enfermeros/as, debe ser cosa del hospital, un virus o algo así.
9:35.- Se abre la puerta del ascensor y una camilla con una señora encima me impide el paso. Al fondo, una enfermera cabreada de la clase USS Marshall de gran tonelaje, con bigote y un tatuaje de un ancla en el bíceps me dice que espere al siguiente, como si esto fuera una línea de autobuses. Luego añade, "marinero". ¡Joer que miedo!
Harto de esperar, subo por las escaleras, al fin y al cabo sólo son dos pisos. Un tropel de enfermos en pijama, sentados en los escalones fuman con delectación. Ganas me dan de encender un cigarrillo, pero no, estoy en un hospital y hay que respetar a los enfermos. ¿?
9:40.- Cuando llego al segundo piso agotado por el humo (ya sé lo que es ser fumador pasivo), me dirijo hacia la señorita amable de antes:
-Que ya tengo el núm...
-¡Llega tarde!
-Es que...
-¡Vaya a la sala!, ¡fondo a la izquierda!.
-Fond... izq..., vale, gracias.
9:50.- Llamo a una puerta donde otra enfermera recoge los números y los dos kilos de papeles de todo el mundo.
-¿Sííí?
-Buenos días, vengo a revisión con el doct...
-Deme, deme.
-Tenga, tenga.
-Deme, la tarjeta roja.
-Es que yo no tengo tarjeta roja, sólo tengo esta.
-Bueno, está bien. Espere en la sala de espera.
"Espere en la sala de espera..., espere en la sala de espera..., ¡Pedorra! ¿dónde voy a esperar?" Me digo para mis adentros ahora que no me oye.
10:00.- Me siento a descansar placidamente en la única butaca libre que hay en la sala. Entra una anciana con un bastón en cada mano, me mira, me da con el bastón en la cabeza y le cedo el sitio.

10:05.- El trajín del dedo gordo dentro del zapato es ya alarmante. Aprovechando que un señor se ha levantado para ir al servicio, me abalanzo sobre el asiento no sin antes propinar un codazo a una bruja que también lo había visto, y placar por la cintura a una nena de 20 años que ya plantaba el culito en la silla. Ya acomodado, decidido a averiguar que se cuece dentro del zapato me lo quito para ver quién hay. Pero enseguida me lo vuelvo a poner, esperando que nadie haya advertido el "tomate" que rodea el susodicho dedo. "Joder, lo que faltaba. Ahora toda la mañana con el tomate en el calcetín. Seguro que me hace rozadura"
10:30.- Aburrido, reviso los números de teléfono del móvil.
10:35.- Están todos. Reviso el archivo de fotos.
10:40.- Repaso los tonos y decido cambiarlos todos.
10:50.- La enfermera "amablemente" me llama la atención:
-¡Aquí no se puede hacer ruido -me dice mientras un altavoz reclama a grito pelado al doctor Cardiaquez.
"¡Doctor Cardiaqueeez, doctor Cardiaqueeez, acuda urgentemente a reanimación... ya no hace falta... señor capellaaan... señor capellaaan...!"

11:00.- Apago el móvil.
11:05.- Enciendo el móvil.
11:10.- Desarmo el móvil.
11:20.- Presa de un ataque de nervios, una señora se desmaya después de aporrear la puerta de la enfermera. Que a ver que pasa con los suyo, que estaba citada a las 8:00.
11:21.- Presa de un ataque de nervios, decido desmayarme yo también sin aporrear nada.
11:30.- Decido irme a fumar un cigarrillo junto a los enfermos de la escalera. Los enfermos ya no están. Enciendo el pitillo mirando a todos los lados, y aparece, no sé de donde, un guarda jurado del tipo Destrozanager y me llama la atención por fumar en la escalera. ¿No le da vergüenza? ¡Esto es un hospital!
11:31.- Acojonado, me voy a la sala lamentando mi mala suerte.
12:00.- Me llaman por el altavoz. ¡Soy yo, soy yo!. Exclamo como si me hubiera correspondido un piso del IVIMA.
12:01.- Entro en la consulta con tres kilos de papeles. No puedo creerme que todo eso sea mi historial. Ni que fuera el "Ternera" ese.
-¿Oiga, está seguro que todo eso es mío, no será la historia de dos o tres? Lo digo porque si es todo mío debo estar malísimo -le digo al doctor, pero no me hace caso o no me oye, o no quiere hacerme caso o no quiere oírme. Va a ser eso.
12:03.- Después de revisar los tres kg. de papeles, añade otro kg. más y me los entrega. "Vaya a la enfermera y le entrega este papel para que le citen de urgencia... buenos días"
12:05. Salgo de la consulta con los ojos como platos. Que me harán unas pruebas urgentes para ver que tal.
Hora de citación para las pruebas urgentes, el 15 de julio de 2006.
Tres horas después salgo del hospital. Menos mal que esto de la Seguridad Social ya no es lo que era.