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La Coctelera

El Club De Los Corazones Solitarios.

"No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella". (Elbert Hubbard, periodista estadounidense).

17 Diciembre 2005

Una cigüeña en mi alcoba. Capítulo II. Fin.


...Tanto me han hablado de la cigüeña que esta noche he soñado con ella, ha sido un sueño muy breve, pero estoy emocionado. Ilusionado y emocionado y muy nervioso porque un hermano no se tiene todos los días.
Siento un aleteo en la alcoba donde estoy dormido. En ese momento no sé lo que es. Es como un pájaro, un pájaro grande, y siento sus alas muy cerca de mi, tan cerca, que noto el aire que produce su aleteo en mi cara.
Cuando me despierto, alguien me dice que ya tengo un hermanito, y yo, inocente y tan nervioso como ayer, les cuento mi sueño. Les digo que he soñado con la cigüeña y ellos no me toman en serio. "Como vas a haber soñado con la cigüeña". Me dicen mi padre y mi abuela. Y yo, que sólo soy un niño y como tal, maleable, les creo y me guardo mi sueño para mí. Me lo habré imaginado.
Luego, mi padre me lleva a su trabajo en S.E. Allí veo como la maquinaria que conecta los teléfonos de España y del extranjero da vueltas y vueltas en sus gigantescas carcasas de metal. Veo como las lucecitas de diferentes colores se encienden y apagan mientras los relés siguen girando entre chasquidos mecánicos, y todo tiene un ritmo lento y cadencioso. Mi padre lleva un mono azul con el logotipo de la empresa cosido en el bolsillo superior, donde un montón de lapiceros sobresalen por el borde. Mientras él trabaja uniendo cables de colores, yo me entretengo jugando con lo que hay, inconsciente de que estoy en el trabajo de mi padre y de que me pueden regañar. Pero soy un niño y tengo que dar guerra, así que me subo a una escalera de madera que va acoplada por la parte superior a un riel, y que sirve para deslizarme sobre ella sin tener que bajarme. ¡Que modernez! Me recorro toda la sala y a medida que cojo confianza me deslizo con mayor ímpetu y velocidad, pero con más ruido también, la escandalera que estoy formando hace que mi padre se acerque a ver que pasa, cuando me ve allí subido en el último peldaño como Tarzán casi le da un tabardillo, me regaña y me bajo de la liana. ¡A ver si te vas a caer! Pero en cuanto se va, me vuelvo a subir. Me lo estoy pasando bomba. Para que juegue y me esté quieto, algunos compañeros de mi padre se acercan y me dan un motón de bombillitas, son alargadas y muy pequeñas, de color rojo, verde y ámbar.
Cuando salimos de trabajar, nos vamos andando hasta una casa muy grande, blanca y con una gran cruz en la puerta. Vamos a ver a mi madre y a mi hermano al que todavía no conozco. Aquella casa grande, es un hospital, me contesta mi padre al preguntarle donde estamos.
Allí, por fin, está mi madre, acostada en una cama blanca. Hay un olor que no me gusta en esa casa grande. Por primera vez veo a mi hermano. ¡Que emoción, mi hermano! Está muy colorado y tiene los ojos cerrados y cuatro pelos. Pero es muy guapo. Esa es mi primera impresión: colorado, guapo y calvo. Aunque no es tan guapo como yo, que según dicen las señoras, tengo unos ojos así de grandes y muy negros, con unas pestañas...
Mi hermano (se me hace un poco raro llamarle así) ha nacido en Málaga y en un hospital, y por ahora todos somos de Andalucía, pero yo nací en Cádiz y en casa, sin médicos ni nada. Eso dice mi madre porque yo no me acuerdo. Le toco la cara, la nariz (que es un pegote), le meto un dedo en el ojo y le paso la mano por la cabeza pelada y todos me dicen que ahí no, que ahí no se toca. Debe ser verdad porque el niño se pone a llorar. Me vuelve loco con sus gritos y sus chillidos tan agudos y tan seguidos. Me quedo en un rincón asustado y sin saber porque llora tanto este niño, pero me acerco enseguida y le miro dentro de la boca, entonces me doy cuenta de que no tiene ni un solo diente. ¿Cómo va a comerse los bocadillos con mantequilla y azúcar, o los de pan con aceite? Pues no digo nada cuando le toque la onza de chocolate...
Mi madre le dice a mi padre que el niño chico (así le llama. Yo creía que el niño chico era yo. Me temo que muchas cosas van a cambiar a partir de ahora), llora porque seguro que tiene hambre. ¡Que le va a dar el pecho! ¡Pero qué le va a dar de comer mi madre! Mi padre me coge de la mano y me saca al pasillo. Para que corra, me dice. Él enciende un cigarrillo y yo corro como un loco por la sala de espera, hasta que un señor de bata blanca y muchos lapiceros en el bolsillo, (igual que mi padre), me dice que me esté quieto y que por ahí no se corre (igual que mi padre). Que manía ha cogido todo el mundo con no me mueva y me esté quieto. Si no puedo.
Dentro, en la habitación de aquella casa grande, se quedan mi madre, mi abuela y el niño chico comiéndose a mi madre.

servido por Rafael 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Tina

Tina dijo

Emotivo post... similar a lo que cuentan mis hermanas... de cuando yo nací... ya que soy la niña chica...
No te puedes imaginar... lo que me hicieron regañar... durante muchos años... es lo que tiene ser el niño chico... no todo iba a ser bueno...
Besitos...

18 Diciembre 2005 | 03:46 PM

rafael

rafael dijo

Mi hermano era el niño chico y yo, estomáticamente, pasé a ser el niño grande. Y todo fue distinto entonces, no se tenía la psicología que hoy tienen los padres para no hacer distinciones demasiado evidentes. Es curioso, recuerdo que si el niño lloraba por nada, es porque yo le había hecho algo y cobraba por eso. Cuando mis padres se daban la vuelta, pellizcaba al niño en el culo, para que llorara por algo. La pescadilla que se muerde la cola.
Besitos para la niña chica.

18 Diciembre 2005 | 06:26 PM

rafael

rafael dijo

Perdona... donde pone estomáticamente, hay que lier automáticamente...

18 Diciembre 2005 | 06:29 PM

rafael

rafael dijo

¡Jodeeer...! ¡Vale! ¡Donde pone lier, por favor, lean leer...! y ya lo dejo, porque si no no acabo.
Chao.

18 Diciembre 2005 | 06:32 PM

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El Club de los Corazones Solitarios. Rafael, Cádiz, 1950, dos hijos y un nieto. Vivo en Madrid y adoro el mar; escribo para no sentirme solo mientras opino sobre las cosas que suceden, las que me suceden, e invento aquellas que no sucederán nunca. .................... --------------
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