Cocaína, heroína, marihuana, crack, anfetaminas, son drogas todas ellas tan duras como lo puedan ser el alcohol y el tabaco. Todas son sustancias que crean una adicción más o menos acusada en el individuo, dependiendo del tipo de droga del que se trate, y que termina por convertirle en un enfermo muchas veces crónico. Como tal, necesita ser tratado para su rehabilitación.
El alcohol y el tabaco son drogas aceptadas socialmente, su publicidad llegaba a nuestros hogares hasta hace bien poco. Cualquier acontecimiento se celebra con unas copas, y hasta en las bodas, bautizos y comuniones se reparten puros y cigarrillos entre los invitados; pero nadie lo hace convidando a los amigos con unas rayitas entre la mostaza, el katchup y las patatas fritas, sobre las mesas del Burger King y delante de todos.
Dicho esto, me hago una pregunta: Si el alcohol y el tabaco están legalizados, ¿por qué no lo está la droga?
La Ley Seca promulgada en los Estados Unidos desde 1919 a 1933, provocó un espectacular auge de bandas mafiosas que controlaban la distribución de licores en los garitos. En muchos casos, el alcohol estaba adulterado para obtener máximos beneficios. Era un negocio redondo como lo es hoy la venta de droga.
Hoy los traficantes distribuyen y venden la droga sin que les importe absolutamente nada en que estado se encuentra y lo que le pueda pasar al consumidor.
Si la droga estuviera legalizada el aumento de drogadictos no iba a experimentar un aumento espectacular. No hay más alcohólicos porque se venda el alcohol en cualquier parte. Tampoco es cuestión de que se vaya a comprar la droga al supermercado junto con el pan y los filetes, pero ¿por qué no en tiendas especializadas de la misma forma que se vende tabaco en los estancos?
La droga pasaría un control de sanidad, no habría adulteraciones, al dejar de estar prohibida tendría un precio más razonable, se acabaría con los distribuidores, camellos y con ese mundo sórdido de los supermercados de la droga en los barrios marginales, no habría por ello más delincuencia y sí menos ajustes de cuentas y tiroteos. Y al final, el Gobierno cobraría sus impuestos que es lo que le gusta.
Naturalmente, todo debería estar bajo un cierto control, el hecho de estar legalizada no significaría en ningún caso que tuviéramos que soportar la visión de los drogadictos, pinchándose en plena calle o esnifando una raya sobre el bordillo de la acera, de la misma manera que también está prohibido el consumo de alcohol en la vía pública. No es eso, no es eso.
Holanda y Suecia, donde está legalizada, no han experimentado un incremento significativo en su consumo, es cierto que aumenta y disminuye en oleadas, pero con los mismos índices que lo pueda hacer el consumo del tabaco o el alcohol.
La política restrictiva del Gobierno en cuanto al consumo de tabaco, hace pensar seriamente que la legalización de las drogas va para largo. Si no lo hace un Gobierno de tendencia progresista como este, que dio vía libre y acertadamente a las bodas gays, mucho menos con uno conservador como el que aguarda en la recámara.