Hoy, soy una mujer.
Hoy quiero ser una mujer. No sé si sabré. Es tan difícil siendo un hombre. Soy un defensor a ultranza de las mujeres. De hecho soy feminista convencido desde hace años. Antes lo era y no lo sabía. Hasta que empecé a comprender cual era su lucha y a ponerme en su piel, en su mono de trabajo diario, entonces supe que era feminista y que siempre había tenido bastante afinidad con ellas.
--------DIARIO DE UN DIA. MI VIDA CON MANOLO--------
Primera parte.
Me levanto a las 7:00, desayuno, me ducho, me pinto, me visto y espero hasta última hora para levantar al niño que está profundamente dormido. Está limpito, lo bañé antes de acostarle. Le quito los pañales, le paso la esponja por el culito, le doy crema, le echo colonia... "Vaya, vaya, una erección del nene. Que bien mi niño, que está cachondin... Manolooo". Bueno, le visto, le peino, le echo más colonia y ya está preparado para la guardería. El niño parece un astronauta de la NASA, y eso que todavía no le he puesto el buzo.
-Manolo, Manolo, que el niño ya está... ¿te levantas o que...? Que voy a llegar tarde... ¡Manoloooo!
Manolo se hace el remolón. "Es un coñazo llevar al niño a la guardería, no hay donde aparcar y claro, no tengo más remedio que dejarlo en la puerta". Piensa Manolo.
-¡Manoloooo!, ¿No me harás la misma de ayer? Le llevas en brazos que la guardería está en la esquina y yo voy justa.
-¿La misma de ayer? ¿Que demonios hice yo ayer? No me acuerdo lo que he desayunado hoy y me voy a acordar de lo que hice ayer -dice Manolo estirándose bajo las sábanas y rascándose poéticamente la barba.
-¡Manolo...!, ¡Que todavía no has desayunado!.
-¿Qué? Ya decía yo que tenía hambre otra vez -responde Manolo rascándose ahora la entrepierna.
Total, que a Manolo se le ha hecho un poco tarde para llevar al niño, se le ha hecho tarde incluso para el trabajo.
"Ahora tengo que llevar al niño a la guardería, coger el autobús y fichar a las 9". Piensa ella mientras recoge los platos de la cena que Manolo había prometido fregar, antes de ver a Buenafuente. Los mete en la pila, se va al aseo, se peina, coge al niño, coge el bolso, coge la bolsa con el kit de primeros auxilios del niño: pañales, crema, colonia, una esponja, un peine, un trajecito por si se mancha y dos potitos. Con todo encima, dos besos a Manolo que sale del lavabo rascándose los pelos de erizo.
-Muac, muac. Hasta la noche... ca-ri-ño-. Dice ella pronunciando "cariño" de una forma que a cualquier ser humano le haría pensar... pero él no se da por aludido. Ella ha pensado más de una vez que su marido dista mucho de ser un ser humano. ¿"De que planeta será"?
Segunda parte
Salgo de trabajar. Manolo ya habrá recogido al niño. Cojo el metro, son las 18:10, y tengo que pasarme por el hiper, a ver si Manolo...
-¿Si?... ¿Manolo? oye, soy yo... ¿qué tal el niño...? Vale. Oye, que digo que por qué no te acercas en un momento al súper y compras lo que hay en la lista de la nevera... ¿Que qué lista?, está en la puerta del congelador... con un imán... pues que vas a hacer con el niño, llevártelo en el carrito como hago yo... es que cuando llegue tengo que hacer la cena, así no tengo que salir... ¿que es mucho? es lo que necesitamos, Ma-no-lo... Sí, ya sé que con el niño es un incordio... aunque sea tráete la mitad, ya iremos el sábado por la tarde a por el resto. ¿Qué hay partido? Bueno, pues haz lo que te dé la gana... vale, vale, que se corta, adiós, adiós, Manolo.
"Como no vaya, la vamos a tener esta noche"
Tercera parte
Y claro, Manolo se inventa una excusa para no ir al súper. No es nadie Manolo para inventarse excusas.
Llego a casa, Manolo me pone la cara para que lo bese, pero paso de largo y cojo al niño, lo achucho, lo beso, y lo mimo. Suelto al niño y cojo el carrito de la compra.
-¡Manolo, las llaves!
-Es que...
-¡Es que leches, Manolo! ¡Las llaves!
-Si quieres te acompaño, es que ya sabes que no me gusta que cojas el coche porque...
-¡¡¡Manolo... muerete un poquito!!! -Le digo mientras le arrebato las llaves de un zarpazo. Cojo la tarjeta de crédito, el carné de conducir, las llaves, el carrito y todos nos metemos en el ascensor. Menos Manolo.
Cuarta parte.
Llego a casa con el carrito hasta arriba y tres bolsas. Meto los congelados en el frigorífico y me desvisto. Me pongo ropa cómoda y voy a ver al niño. El niño está en el suelo, gateando sobre la alfombra con un mar de juguetes esparcidos por todas partes. Me siento en el sofá y cojo al niño que huele a pis. Manolo está, pero como si no estuviera. Parece que se ha muerto con el mando a distancia en una mano y un botellín en la otra.
-Hola -me dice Manolo.
-Hola -le digo sin mirar-. ¿No te has dado cuenta que el niño está mojado?
-¡Pero si le acabo de tocar y estaba bien! Anda, que vaya día que tienes hoy.
-¡El mismo que tuve ayer y que seguro tendré mañana! Ya podías echarme una mano.
-¿Una mano? Pero si te la echo.
-Ese tipo de mano, a veces hasta me sobra contigo, Manolo.
Me llevo al niño a su habitación. Acerco su ropita al radiador para que esté caliente. Me acuerdo de la compra olvidada en la cocina.
-¡Man...!
"Bah, para que. Ya lo haré yo cuando termine con el niño".
Lo baño, le pongo el pijama y se lo llevo a Manolo que sigue en trance con su mando a distancia, en la misma postura que cuando me fui.
Meto la compra en la nevera y relleno la despensa. Preparo la cena. Mientras se hace, limpio por encima el polvo, hasta el sábado por la mañana que haré limpieza general, aprovechando que Manolo se va a jugar al fútbol con sus amigos... ¿Cuándo podré ver yo a mis amigas?
Acuesto al niño, ceno, ni una palabra entre los dos, retiro los platos, miro a Manolo de reojo que a su vez, mira hipnotizado la tele. Friego los platos. Me rompo una uña. Me siento por fin en el sofá... el niño llora...
.........................oOo.........................
Este historia puede parecer exagerada, pero mucho me temo que no lo es tanto. Todo esto puede suceder así en muchos hogares. No dudo que aún existen muchos Manolos, afortunadamente, cada vez menos, es una generación a extinguir. Nuestro amigo podría haberse llamado José, o Antonio, o incluso Rafael como yo, el nombre es lo de menos, lo de más es que esto aún es así.
Y eso sin contar el maltrato a las mujeres, aprovechando la fuerza bruta y la sin razón del macho ibérico. Pero eso ya es otra historia que abordaré muy pronto.
Comenzaba diciendo que soy un defensor de las mujeres, suponiendo que las mujeres necesiten defensa. Yo creo que se saben defender muy bien ellas solas, pero tengo que tomar partido y lo hago por ellas. Creo que necesitan (todos lo necesitamos) sentir que hay hombres que están con ellas en su lucha por la igualdad de derechos. También quiero decir, que siempre me he sentido intrigado por ellas, abducido por su encanto, su personalidad y su capacidad.
Entre las mujeres, también hay, como no, mujeres que no merecen serlo, como también hay hombres que apoyan, incluso asumen en todo momento las tareas del hogar como propias.
Un detalle: Todos sabemos cómo se llama él, Manolo. Pero ella es la protagonista anónima del relato.
Voto por ellas, por todas las mujeres anónimas. Y por ellos. La otra generación.

Rafael, Cádiz, 1950, dos hijos y un nieto. Vivo en Madrid y adoro el mar; escribo para no sentirme solo mientras opino sobre las cosas que suceden, las que me suceden, e invento aquellas que no sucederán nunca.
....................
Tina dijo
Gracias...por recordar... a todas las mujeres anónimas... olvidadas... al ponerte en la piel... de una mujer anónima... y soportar... por unos momentos... el desasosiego... de Manolo...
Besos.
18 Noviembre 2005 | 09:31 AM