Me gustan los fines de semana porque todo se paraliza, los sábados y domingos van descontando marchas hasta dejar al fórmula 1 de la semana casi en punto muerto. Nadie me molesta durante esos dos días mágicos. Son tardes de zapatilla y periódico. Cafetito y película, tumbado en el sofá con una mantita y el gato sobre la tripa. Además, no vienen los distintos tipos de carteros a llenarme el buzón de entrada de facturas ni propagandas de Pizza Hut y comidas chinas a domicilio.
El lunes todo se pone en marcha: todos los carteros conocidos pasan por mi timbre del portero automático, como vivo en el primero y es el que está más a mano. He tomado la determinación de dejar todo el papeleo en mi buzón hasta el viernes por la tarde, ese es el momento de mandarlo todo a la papelera de reciclaje y tirar de la cadena.
Hay distintos tipos de carteros. Está el cartero de Correos, ese asusta de tarde en tarde, bueno no, que viene por las mañanas. Quiero decir que asusta de vez en cuando. Todo lo más, me puede llegar una invitación de boda del vecino, con lo que me resultará imposible decirle que estoy de viaje o en la cama con 40... de fiebre. Me puede dar la invitación en mano, con lo que el susto es mayor porque hay menos sitios para esconderme, como ya me ha visto..., además, casi tengo que contestarle en el momento: "Si, si, claro, ¿Cómo no voy a ir a tu boda". ¡Jodeeer!!!
Luego está el cartero comercial, quizá el más inocuo pero el que más jode porque son muchos, pero es lo que yo digo, es su trabajo y tienen que comer, así que como sólo les tengo que abrir.
El cartero del banco, ese viene para decirme que el banco me ha descontado de mi cuenta todas las facturas del buzón de mi casa y además, todos los descuentos posibles y todos los que se han podido inventar durante el fin de semana en concepto de comisiones, que ahí trabajan las 24 horas al día, para velar por el cliente. ¡Pero que morro!.
El de Haciendasomostodos, que si es verdad que somos todos, ¿por qué sólo me envían cartas a mi? Ese ya me acojona bastante, porque no se limita a dejarme un papelito en el buzón, ese llama a todas las puertas hasta que alguien le abre, llama a la puerta de la calle, llama a mi puerta y se mete dentro de casa, y cuando se va, tengo un papelón en las manos que vence en 48 horas.
También he tomado la determinación de no contestar al portero automático hasta que no me griten por la ventana: "Papaaa", entonces ya sé que es para mí. Como solo tengo dos no es mucho trabajo. Me quiero comprar un mando a distancia con microfonillo incorporado que abra la puerta de la calle y la puerta de casa. Ya puestos, que abra también la puerta del lavabo y suba y baje la tapa del inodoro y hasta tire de la cadena. Pero que sólo funcione los fines de semana, que si no me acostumbro.
Los sábados y los domingos no llaman por teléfono para hacerme una encuesta, ni para que me abra una cuenta naranja que es por lo visto, cada día el de más gente, ni para venderme un seguro de vida, como si esto último fuera un seguro de vida para no morirme nunca. ¡Mentirosos! Tendrían que cambiarle el nombre y llamarlo algo así como: "Sólo cobra el que se queda... a veces"
Si además, y ya al margen de todo esto, si el sábado juega mi equipo favorito o la Selección y ganan, ya es el no va más. Sólo una breve escena me tiene en vilo antes de esos partidos. Ver a Raúl oír el "Hala Madrid" de Plácido Domingo o el himno nacional, me tiene en un ¡ay! y no me quedo tranquilo hasta que no empiezan a jugar, siempre temiendo que el delantero se desnuque y se lesione antes de empezar. ¿Qué habrá allí arriba que observa con tanta atención? Y el 16, partido de la Selección, y el 19 el Madrid-Barça. Espero que sobreviva.
Bueno, en fin, que hoy es lunes y hace rato que el motor de mi monoplaza ruge por las calles felizmente mojadas de Madrid.
A lo mejor hoy no hay correspondencia y no se casa mi vecino ni está Hacienda dispuesta a mojarse con el 0,7%.
Pues como Hacienda somos todos, mi porcentaje que se lo den a cualquier ONG u organización humanitaria. Pero nunca a la Iglesia, que esos ya tienen y no dan, y por lo que parece, quieren más y dar menos.