Tengo un sol aquí al lado. Está en la categoría de fotografías. No es que mi blog sea como unos grandes almacenes, nada más lejos. Lo que pasa es que no quiero que se me pierdan buscando el sol. Como digo está aquí al lado. Bueno, no sé, me gusta llevarles a ustedes de la mano, enseñárselo yo mismo. Lo puse a propósito para que mi blog esté calentito ahora que se acerca el frío. Para que aquellos amigos y conocidos que me visiten, no sufran las inclemencias de este gélido otoño madrileño durante la estancia. Si no, agarran y se van. Hay que cuidar las visitas y ser buen anfitrión. Para que vuelvan otro día.
Para el verano ya me inventaré algo, es fácil, una simple foto de la Antártida, o una refrescante playa llena de palmeras, o una patera llena de cadáveres famélicos, esto también sirve para dejar helados al personal.
Como hoy no tengo nada que hacer, y además no se me ocurre nada ni tengo nada que contar, me he puesto a enumerar las veces que la luna pasa por delante de mi sol de aquí al lado. A ver, hay 10 eclipses por minuto, lo que equivale a 600 veces a la hora. Total, 14.400 veces al día. ¡Qué tontería! ¡Cómo se nota que no tengo nada que hacer!
Pero bueno, ya que estoy en ello. Pues nada, que me he puesto a pensar, cosa que no es muy habitual en mí, y me he dado cuenta que sin querer he instalado un contador. No es un contador cualquiera, ni un contador de visitas de esos que no soy capaz de instalar. Es un contador bastante más serio y más dramático: es un contador de cadáveres.
Cada vez que el sol se apaga delante de mi pantalla, un niño muere de hambre en el mundo.
Y me refiero a los niños porque son los más indefensos y desprotegidos.
Además de un contador de cadáveres, es un agitador de mi conciencia personal. No me dirán que no es útil.
A ver, yo sigo con lo mío. Teniendo en cuenta que lo instalé el 28 de octubre a las 21:51, mmmmm, han pasado desde entonces tan sólo 13 días, que multiplicados por 14.400 eclipses, hacen un total de 187.200 eclipses. O sea, 187.200 niños que ya no me van a pedir agua ni pan, ni llorarán más pidiéndome alimento.
Mi sol de aquí al lado ya no les va a alumbrar más porque les he quitado el derecho a vivir. Mientras, yo seguiré comiendo todos los días y dejando sobras que tiraré a la basura, porque no puedo comer más. Y habrá veces que hasta se me olvidará que hay personas que pasan hambre. Y niños que son levantados a las 6 de la mañana para trabajar. Y niñas obligadas a prostituirse para sacar a su familia adelante.
Hablo en primera persona porque me siento responsable de su desgracia. Porque puedo hacer más y no lo hago. Porque tal y como está el mundo, nunca es suficiente.
Pero mi sol de aquí al lado seguirá aquí al lado mañana y pasado mañana. Y ellos ya no estarán.
Pero por favor, sigan visitando mi blog.
Se está calentito y no hace nada, nada de frío.