Mi vida ha sido un lío desde que nací. De la mayoría he sido yo el responsable. De lo poco que queda no. Nací el 30 de septiembre de 1950, pero me inscribieron en el Registro Civil el 1 de octubre (del mismo año) porque como el Caudillo fue nombrado Jefe del Gobierno del Estado Español el 1 de octubre del 37 (casi me pilla), dijo la matrona que por si acaso me podía beneficiar en el futuro; y mis padres, que entonces no los conocía, pero seguro que eran dos panolis como lo fuimos mi ex y yo de recién casados, seguro que dijeron: "Bueno, vale". Por otro lado, mi santo siempre fue el 24 de octubre, san Rafael, pero luego la Iglesia lo cambió al 29 de septiembre, para tener a todos los arcángeles juntos en el mismo día. Para tenerlos a todos controlados supongo, no fuera a ser que se la volvieran a jugar con hizo Luz Bel, que se pasó al enemigo con un nuevo luc y hasta cambió de nick: Lucifer. Pasados los años, a servidor le importa muy poco lo del santo y mucho menos lo de Franco. Primero, porque no me llevo muy bien con la religión. No me llevo bien con ninguna religión. Y segundo, porque nunca me llevé bien con el régimen de Franco, (buenos palos me dieron en los 70). No me llevo bien con ningún régimen. Lo que me extraña es que mis padres pasaran por el aro político-religioso con lo rojos que han sido siempre.
Pero volviendo a las felicitaciones, mi madre, que es la única con vida que conoce y recuerda aquellos detalles, se pasa medio año felicitándome y sorprendiéndome por su memoria aún activa. Quizá sea la única que se acuerda de eso. Porque mis hijos pasan de felicitacionesydíasdelpadre. Mis hijos pasan, punto. Aunque me digan que no.
Ayer mismamente, quedé con el "pequeño" para ir al Rastro, 28 años la criatura. Le mandé un sms chantajeándolo con darle el MP3 que me pidió y así, poder verle un rato. Me pasé la mañana de arriba a abajo, comprando "chuches" que no necesito y barritas de incienso que sí, cargando con el dichoso MP3 que al cabo de un rato ya pesaba lo suyo dentro de la cartera que llevaba al hombro. Cuando regresé a casa, dejé el aparatejo en el sitio en que estaba antes y me preparé una tarde de domingo sin agobios. Comida, siesta, El País, Internet, tomar café (descafeinado), dos cigarrillos (bajo en nicotina), y a las 21:00 a ver al Madrid. Fue un día ligth, o como se diga eso. A no ser porque mi hijo no apareció, ni llamó, ni nada, y eso que el "chantaje" era bueno, pero ni por esas. Y a no ser también por el 1-2 del Bernabéu. Y por los cigarrillos que cayeron durante el partido. Así no vamos a ningún sitio.
Había comenzado por los líos que hubo y hay en mi vida. Pero como me he liado un poco al final, ya lo desliaré en otra ocasión. De momento, esto es lo que hay.
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llama a tu hijo y decile que lo queres mucho, sin intentar extorsion de ningun tipo,
decile las ganas que tenes de verlo
despues de un infarto...pareciera que uno ya tendria que darse cuenta de algunas cosas, no?
saludos