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La Coctelera

El Club De Los Corazones Solitarios.

"No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella". (Elbert Hubbard, periodista estadounidense).

2 Abril 2008

Hala, otra vez al hospital.



Como si de una maldición cíclica o bíblica se tratara, me veo metido de nuevo en una ambulancia, cosido a la camilla por cables que me suministran oxígeno y suero como el cordón umbilical materno, o como un astronauta dentro de su escafandra. O sin ir más lejos, (porque como estoy sobre una camilla no puedo ir más lejos), como un infartado camino del hospital que es lo que soy yo: un infartado.

Y yo, que ya me sé la historia y toda la parafernalia que conlleva el ingreso en las urgencias hospitalarias, me voy temiendo por el camino toda la ristra de fechorías que me aguardan.

Al llegar, me pinchan en un dedo, me pinchan en el dorso de la mano –como duele-, me pinchan en el culo, me pinchan en la tripa (heparina), me abren nuevas autopistas en el brazo, en el otro brazo, (menos mal que sólo tengo dos), me inyectan nitroglicerina, para habernos matao, me vuelven a pinchar en el culo, me vuelven a pinchar en la tripa (qué manía) y como si de un fin de fiesta se tratara y como tengo dificultad para orinar ¡me quieren introducir una sonda!... ¡y una mierda! Al final, termino orinando en una botella ante la amenaza de que me abran otra autopista en esa península urinaria que está un poco al sur de mi cuerpo taladrado.

Al rato viene otra enfermera que me golpea con un martillo en los tendones y articulaciones, será para ver mis reflejos que tienen que estar bajo mínimos, suelta el martillo y me pincha en el culo, me pincha en la tripa, el caso es joder; “no puedo con el martillo pues le pincho” dirá la enfermera a la que veo en esos momentos como a una clienta de supermercado eligiendo qué parte de mi cuerpo le gusta más para eso, para pincharme.

En esos momentos el dolor de cabeza por la nitro alcanza el grado cinco en la escala Richter, les digo que me duele la cabeza, aunque sé que la respuesta va a ser la misma de años anteriores: “bueno, bueno, espera un poco”, como si eso fuera a ser media hora, pero la media hora se convierten en horas y el dolor de cabeza es ya como el terremoto de San Francisco.

Para entretenerme me fijo en el personal sanitario y en el propio recinto en el que estoy, donde se trabaja tan profesional como frenéticamente; hay señoritas enfermeras de verde, otras de blanco, otras con un uniforme a rayas azules y blancas, todas muy monas, pero al final y como no las distingo no sé si me está preguntando por mis males la señora de la limpieza o una doctora, o en su defecto, una enfermera en toda regla.

Deciden hacerme un cateterismo, ellos lo llaman “cate”, será el séptimo que me hagan a lo largo de mi dilatada carrera como enfermo coronario y yo me echo a temblar, más por la dificultad de la prueba, que la tiene, por las horas de inmovilización que vienen después, por el dolor de riñones que conlleva las largas horas de quietud sobre la cama sin poder moverme ni rebullirme entre las sábanas. Han decidido dejar de martirizarme el culo (qué mal suena eso), pero siguen con la tripa que a estas alturas y después de cuatro días de ingreso, más bien parece un paso de semana santa de lo morado que está.

El “cate” ha salido bien, despejando así mis dudas y temores de que la enfermedad haya ido a más, pero todo está bien, tan bien que al día siguiente deciden darme el alta con una rapidez tal, que tengo la sospecha que hay otro enfermo tras la puerta esperando que me vaya para ocupar mi cama que ha sido mi lecho durante cinco días.

Por último, decirle a mi hijo Rafael (Danibegood, que escribe Desde mi azotea, bueno, desde la suya), lo orgulloso que estoy de él, se ha sacrificado todo lo que ha podido por estar a mi lado, y aunque sea mi hijo y sea lo razonable, yo no lo olvido.

Y como diría Forrest Gump, eso es todo lo que tengo que decirles sobre mi corazón.

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23 Marzo 2008

Fuera bichos.


Supongo que ya os habréis fijado en la publicidad de La Sexta con esos bichitos recorriendo la cabecera de nuestros blogs.

Me pregunto, ¿cómo se puede tener tan mal gusto para anunciarse de una forma tan vulgar?, si lo que pretenden es publicitarse, que sepan que en mí produce el efecto contrario, si el anuncio es así de malo y poco ingenioso, detesto el producto y no lo compro jamás; claro que comprendo que viniendo de La Sexta, no me extraña nada la forma de promocionarse.

Las cucarachas (me entra repelús sólo de escribirlo), son los bichos que más detesto, por eso, al verlas permanentemente correteando aquí encima intentando salir por la pantalla, me produce tal asco que no dudaría en apagar el ordenador siempre que aparecieran, y les pediría a los de La Coctelera que aunque perdieran dinero por cuestiones de publicidad, quitaran semejante espectáculo, si no quieren perder clientes de otro tipo.

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23 Marzo 2008

Una buena persona.

El otro día me ocurrió un caso que quiero contaros, algo que me hace creer que no está todo perdido mientras existan personas así, tal vez no tenga mayor importancia, pero para mí la tiene ya que en los tiempos que vivimos, uno no está muy acostumbrado a gestos de tal generosidad.

Aunque pueda resultar un tanto humorístico, todo empezó hace unos días cuando me quemé el dedo meñique con el aceite al freír un huevo, éste saltó como si estuviera vivo y me quemó, como consecuencia me salió la consiguiente ampolla, hasta aquí todo normal, pero lo realmente importante de esta pequeña historia, lo que de verdad me sorprendió, es que dos días después, estando yo en el metro una muchacha de unos 25 años se acercó a mí y se sentó a mi lado, sacó algo del bolso y me lo ofreció, yo pensé en primera instancia, por su forma y tamaño que era un chicle, pero lo que me estaba dando era una tirita para que me la pusiera en el dedo, mejor dicho, ella misma me la puso, cosa que le agradecí entre sorprendido y extrañado por lo infrecuente.

Como ya he dicho antes, esto puede que no tenga importancia, pero según la sociedad en la que nos ha tocado vivir, no es muy normal un acto de tal generosidad, o al menos yo no estoy acostumbrado a esos detalles en esta sociedad en la que cada uno va a lo suyo, yo incluido.

Este hecho me hace pensar que aún hay gente buena por el mundo, y me da esperanzas de que en la sociedad siga habitando el germen de la buena voluntad.

Bueno, en fin, eso es todo, sólo quería que supierais que a veces ocurren pequeños milagros que nos hacen un poco mejores.

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23 Febrero 2008

La otra muerte.

El día había amanecido un tanto oscuro, pero yo me sentía optimista a pesar de que un ligero dolor en el hombro izquierdo me molestaba sobremanera.

Pero de repente y sin saber cómo, me encontré en un lugar oscuro y sin ventilación; no supe hasta después, a última hora, cómo había llegado hasta allí, pero de momento allí estaba, metido en un agujero rodeado de tierra por todas partes, sin apenas movilidad posible para poder rebullirme entre las angostas dimensiones de aquella especie de túnel. Mis miembros se tropezaban constantemente con las estrechas paredes que me rodeaban y con las raíces de los árboles que sin duda crecían por encima de mí, y yo seguía sin saber cómo había podido suceder tal cosa, sólo sé que estaba escarbando en algo parecido al inicio de una cueva, un lugar sin luz y bajo tierra según creía.

Anteriormente recordaba que momentos antes estaba en un prado que creí ver lleno de lápidas mortuorias, el aire era respirable y repleto de grandes arboledas, pero de repente, caí en lo que creí ser una fosa común dada sus amplias dimensiones, enseguida algo me cayó desde arriba, era la tierra que descansaba al borde de la fosa y que sin saber el motivo había comenzado a caer sobre mí.

Excavé y excavé sin saber adónde iba, deshaciéndome las uñas en cada intento de escapar de aquel horrible lugar, empecé a bracear como un loco para tratar de buscar la superficie y el aire que comenzaba a faltarme, pero cada vez que hacía un movimiento, cualquier movimiento, me introducía más en las profundidades que me abrían sus brazos y me acogían en su seno, justo lo contrario de lo que yo naturalmente deseaba.

Lo único cierto es que el agujero por el que nadaba en arena húmeda, embarrada, era cada vez más estrecho y mi avance era cada vez más penoso.

En ese momento la ansiedad me invadió al darme cuenta de que jamás podría salir de aquel laberinto de tierra y piedras, y que además, había comenzado a invadirme un terror mortal al darme cuenta de que tal vez estuviera excavando boca a bajo con lo que cada vez me alejaba más de la superficie.

De repente encontré un espacio más abierto, hice fuerza con las manos para acceder a él hasta conseguirlo, avancé un poco más y enseguida pude asir, aterrorizado, un objeto que enseguida deduje no era otra cosa que el alargado hueso de un cadáver, allí podía moverme con algo más de facilidad, pero la presencia de aquellos huesos me indicaba claramente que estaba muy alejado de la superficie, y entre grandes espasmos de desesperación, completamente a oscuras, pude comprender por fin que estaba enterrado entre cadáveres, enterrado en vida en una tumba que ni siquiera era la mía, pero seguía sin saber como había llegado hasta allí.

Entonces lo comprendí todo: sin duda alguna estaba muerto aunque no sabía cuál había sido la causa, pero eso ya no era importante, el caso es que estaba allí y no había tenido conciencia de mi propia muerte hasta que me vi rodeado de tierra y huesos por todas partes..., pero mi corazón latía, podía sentir el golpeteo alocado por la ansiedad bajo mi pecho, “es sólo cuestión de tiempo, puesto que jamás podré salir de aquí hasta que fallezca definitivamente”, me dije entre convulsiones; “¿así que esto es todo?; no hay nada más allá de la muerte, sólo otra muerte horrible rodeado de cadáveres pestilentes y de tierra repleta de gusanos”.

Luego mi corazón comenzó a debilitarse paulatinamente..., cada vez más lento..., cada vez más lento, comenzó a faltarme el aire mientras mi pecho subía y bajaba alocadamente y mi boca se abría en busca del ansiado aire, pero cada vez que abría la boca para respirar se me llenaba más de tierra que yo mismo desprendía con las uñas ya completamente descarnadas.

Entonces el corazón se paró, dejó de latir y me quedé inmóvil en ese momento crítico, pero yo seguía respirando, entonces comprendí que estaba enterrado junto con un cadáver que acababa de expirar y que el corazón que oía no era el mío sino el suyo. Es decir, que después de la muerte hay un estado de conciencia en la que uno se da cuenta de todo lo que ocurre, y entonces me pregunté qué es lo que pasa con aquellos que incineran, ¿Los queman estando vivos todavía?

En ese momento supremo, no supe predecir quién tenía más suerte, si yo al ser enterrado vivo o ser abrasado dentro de una caja aún con vida o con lo que quedaba de ella.

Y poco a poco me fue invadiendo una somnolencia que me sumió en algo más de tranquilidad, no vi largos túneles de luces intensas al fondo, ni vi mi alma ascendiendo o descendiendo a ninguna parte, ni ángeles ni demonios...

Luego, cerré los ojos lentamente, y después, la nada.

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10 Febrero 2008

Las cuentas de la sociedad.



El pobre trabaja,

El rico le explota,

El soldado defiende a los dos,

El contribuyente paga por los tres,

El vago descansa por los cuatro,

El borracho bebe por los cinco,

El banquero estafa a los seis,

El abogado engaña a los siete,

El médico mata a los ocho,

El sepultador entierra a los nueve

Y el político vive de los diez.

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9 Febrero 2008

¿Dónde están nuestros derechos?

Amnistía Internacional - Logo
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07 / 02 / 2008
INTRODUCCIÓN

Menores

El Gobierno de España lleva ocho meses impidiendo
que veas este spot de Amnistía Internacional en los
canales de televisión nacionales. Han dicho que no es
de utilidad pública y que además es publicidad
partidista y política (prohibida fuera del periodo electoral)
y por ello amenazan con multar a los medios de
comunicación que lo emitan.

Ayuda al
Gobierno a rectificar: entra ahora y difunde el spot!.

Amnistía Internacional

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27 Enero 2008

Sólo por cuestiones laborales.

Ustedes, mis amigos de siempre dirán que he escrito mucho en éste blog durante estos dos años y medio, y se preguntarán que ahora, de repente, dejo de aparecer, por eso creo que es el momento de contar la razón por la que ahora no lo hago con la misma frecuencia.

No es que esté cansado de La Coctelera, ni que no tenga nada que decir, aunque también es posible que se me haya secado el cerebro teniendo en cuenta mi condición masculina, pero la realidad es otra y es que sencillamente no tengo tiempo.

Desde hace dos meses estoy trabajando y la verdad es que acabo tan cansado que por las tardes sólo deseo echarme una buena siesta, los sábados y los domingos que estoy libre los dedico a ver el correo olvidado durante la semana y pasarme por vuestras casas para comentar sobre lo que habéis escrito, o sea, que no tengo tiempo para escribir.

En cualquier caso eso no significa en absoluto un abandono por mi parte de La Coctelera, prometo que en cuanto vuelva a tener tiempo atacaré de nuevo, ¿qué os creéis? ¿Qué os vais a librar de mí tan fácilmente?. Pues no.

Entre tanto, me conformaré con leeros, que por ahora es casi lo único que necesito.

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12 Enero 2008

Sobre Guantánamo.



Seis años después de que el 11 de enero de 2002 fueran trasladados a Guantánamo los primeros detenidos, la verguenza continúa. En Guantánamo, el triste símbolo de la guerra contra el terror, aún permanecen más de 270 personas. Detenidas sin que se les haya acusado formalmente de ningún tipo de delito. Sí es delito sin embargo el trato que se les da:
condiciones que constituyen tortura o trato cruel, inhumano o degradante, y sin derecho a impugnar la legalidad de su detención.

Muchos de los detenidos presentan graves trastornos de salud, tanto
físicos como mentales. Como Abdul Hamid Al-Ghizzawi, que aún padeciendo
graves problemas de salud, está recluido en la instalación más dura de
Guantánamo y se teme por su vida.

Exigimos al gobierno de los EEUU el cierre inmediato de Guantánamo.
Firma para enviarle a Bush el mensaje que debería haber entendido después de seis años. Conseguiremos cerrar este centro ilegal, ilegítimo e inmoral. ¡Cerraremos Guantánamo!.

PS:
Trabajar todos los días por los derechos de las personas, a los que
otras personas y gobiernosniegan, es posible, con un sencillo
clic
pasarás a formar parte de Amnistía Internacional.

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El Club de los Corazones Solitarios. Rafael, Cádiz, 1950, dos hijos y un nieto. Vivo en Madrid y adoro el mar; escribo para no sentirme solo mientras opino sobre las cosas que suceden, las que me suceden, e invento aquellas que no sucederán nunca. .................... --------------
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